Ahí vienen

Como todo rumor tiene cierta dosis de información real, pero al pasar de boca en boca no sabemos qué tanto es verdad y qué tanto mentira.

Saúl Peña Rosas [i]

En algún momento de nuestra vida, la gran mayoría de las personas, hemos escuchado algún rumor que de tanto repetirse logra crear en la gente miedo o temor. O bien, como todo rumor tiene cierta dosis de información real, al pasar de boca en boca no sabemos qué tanto es verdad y qué tanto mentira.

Recuerdo uno que tuvo tanto impacto porque se regó como pólvora. Hace algunos años, en el Estado de México, en los municipios de Nezahualcóyotl y Ecatepec, se suscitó todo un fenómeno social producto de un rumor, y como les dije hasta la fecha no sabemos la verdad y la mentira de aquél rumor. Lo que sí sabemos es parte de lo que provocó.

Fue un 7 de septiembre del año 2012, terminaba un día más de labores en el Instituto de Cultura Física y Deporte del municipio de Nezahualcóyotl. Eran las 18:35 horas aproximadamente cuando empecé a despedirme de mis compañeros. Mi rutina era abordar mi vehículo que estaba en la parte posterior del Deportivo Metropolitano e ir directo a casa.

Sin embargo, ese día algo raro pasaba en la calle, la gente se metía rápidamente a sus casas, algunas se asomaban por las ventanas de manera intrigante y se sentía cierta tensión en el ambiente. Subí al auto y comencé la marcha,

No había conducido ni a la mitad de la calle cuando me encontré con un grupo de personas que corrían despavoridas de un lado a otro como queriéndose ocultar de algo o de alguien. Las tiendas, tortillería, recaudería, farmacia y todo comercio habían cerrado sus cortinas de acero, se decía que para resguardarse. Pero, ¿de qué?

Detuve la marcha al pensar que se trataba de un sismo o alguna catástrofe natural, descendí del auto y tomándome de la parte de toldo que está justo arriba de la ventanilla, volteé para arriba con la intención de verificar si los cables de luz se movían, pero no había señales que indicara algún evento extraordinario o de preocupación. La tierra no se movía, no se percibía fuego ni nada alarmante.

Quise preguntarle a la gente que iba pasando pero nadie quiso detenerse, corrían con desconcierto y temor, parecían personas sin un rumbo fijo, atravesando las calles de manera imprudente.

Ingresé nuevamente a mi carro y me dispuse a salir de esa calle lo más pronto posible. Cuando llegué a la esquina había una fila de autos donde regularmente no se hace tráfico. Un taxista de unos 15 carros adelante bajó del auto para informar a los conductores de los carros que estábamos atrás.

—Dicen que hay una salida hacia la avenida Sor Juana.

El chofer del taxi se abrió paso como pudo y una gran cantidad de autos se fueron detrás de él.

Yo permanecí en lugar, esperando a que los demás autos avanzaran. No sabía de qué se trataba, solo escuchaba a la gente decir: ¡Ahí vienen!

Intrigado, me preguntaba. ¿A quiénes se refieren?, ¿qué está causando este alboroto?

Tomé mi teléfono móvil y realicé la primera llamada a mi casa, no tuve suerte, la línea estaba ocupada. Intenté una segunda vez, llamando al móvil de un compañero que contestó con un tono de preocupación, me dijo que regresará al trabajo porque algo muy peligroso estaba ocurriendo en las calles. Nunca pudo aclarar exactamente cuál era ese peligro, sólo me dijo que volviera de inmediato. Intenté hacerlo pero el tránsito ya estaba muy pesado. 

Fotografía: Calles del Estado de México. Archivo Imagen99

Decidí llamar nuevamente a mi casa. Por fin mi madre contestó, al preguntarle si sabía de algo que estuviera ocurriendo en Nezahualcóyotl, de manera muy tranquila me dijo que ignoraba qué estaba ocurriendo. No la quise alarmar así que únicamente le pedí que prendiera el televisor y viera las noticias. Tuve que colgar porque en ese entonces el servicio de telefonía móvil era sumamente caro y corría el riesgo de que mi saldo se acabara. Cuando le volví a llamar refirió que no había nada raro ni extraordinario en las noticias. Mi desconcierto creció. Me preguntó si me ocurría algo, pero con el fin de no preocuparla me limité a decirle que no pasaba nada.

Como pude reanudé la marcha y conforme iba avanzando la escena se volvía más dramática. Logré ver cómo algunas calles estaban bloqueadas con troncos, piedras de gran tamaño y ramas. Otras calles totalmente solitarias, silenciosas, como si hubiera toque de queda en un estado de guerra.

También me tocó ver  a gente armada en las esquinas organizándose como esperando a alguien.

La policía brillaba por su ausencia y por más que deseaba ver una patrulla, una ambulancia, a los bomberos, o alguna señal de los cuerpos de seguridad, parecía que habían desaparecido.

Me reproché tanto el no tener estéreo en el carro para poder escuchar las noticias. El pánico ya estaba haciendo presa a mi imaginación.

Seguí conduciendo, pero el panorama no era diferente. En un alto, alcance a escuchar que en Ecatepec el caos era mayor, asaltaban a los peatones, robaban los autos. No obstante, nunca dejé de avanzar. Cuando por fin atravesé hacia la Ciudad de México el panorama era totalmente diferente. Se trataba como si estuviera en la serie de dimensión desconocida porque de un lado a otro todo era distinto, las cosas transcurrían con exagerada normalidad.

Las personas actuaban como de costumbre y la policía patrullaba el lugar como siempre.

Sentí un gran alivio, ya no quise preguntar qué era lo que había sucedido del lado del Estado de México. Ya no quise saber qué clase de pesadilla había ocurrido en Nezahualcóyotl o Ecatepec.

Llegué a casa, mi madre y hermanas estaban como si nada. Me sentía muy confundido, como si algo o alguien me estuviera jugando una broma de muy mal gusto.

El estrés me provocó malestar estomacal y lo primero que hice fue entrar al baño. Después intenté comer con muy poco apetito, la comida me sabía insípida. Prendí el televisor y miré las noticias.

De manera pasajera apenas mencionaron algo referente a un “rumor” que tuvo origen en los límites de las Ciudad de México, en los municipios de los Reyes, Nezahualcóyotl y Ecatepec, donde se decía que algunos miembros del grupo denominado Antorcha Campesina habían tenido algún conato de bronca con un grupo de taxistas y esto había desatado una trifulca que se salió de control.

El rumor consistió en propagar la noticia de que este grupo, Antorcha Campesina, estaba tomando las calles destrozando todo a su paso, e incluso se decía que ya habían matado gente y violado a mujeres. Algunas personas  afirmaban que el grupo de 100 hombres o más venían avanzando por la avenida Pantitlán, saqueando comercios y destrozando todo a su paso. Otras decían; “ya vienen por avenida Central”, “ahí vienen, en diez minutos llegan a nuestra colonia”, “ahí vienen, no salgan”…

El origen y propósito del rumor, bien a bien no lo sabemos, pero lo que sí fue cierto es que éste logró desestabilizar a más de un municipio y parte del oriente de la ciudad de México. Así, los delincuentes comunes aprovecharon este estado de caos para hacer de las suyas.

Rumores seguiremos escuchando, pero como el de aquella vez fue muy impactante porque demostró cuán vulnerables somos las personas. Incluso algo similar pasa en la actualidad a través de las redes sociales con las famosas fake news o noticias falsas. Por eso debemos de tener mucho cuidado con la información que recibimos y compartimos.

[i]Saúl PeñaRosas, es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Escritor de diversos relatos y autor de la novela El día de tu muerte.

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32 comentarios en “Ahí vienenAñade los tuyos →

  1. Si, que causo alboroto ese rumor y como dices somos vulnerables para ese tipo de noticias falsas, ya que algunas parecen tan reales que no, las creemos y pues es difícil saber cuál es real y cuál no, ya que les dan mucha importancia y la gente lo cree fácilmente.
    Excelente relató✨

    1. La realidad es que los rumerores no todas las veces son infundados de manera que distinguir entre la veracidad o falsedad de éstos es labor de cada quien.

      Gracias Patricia ✌️😀

    1. Cerciorarnos de la veracidad de lo que se dice es la mejor manera de terminar con un rumor para saber la realidad de las cosas.

      Saludos Luis 😀✌️

  2. Creer un rumor puede generar estrés, confusión o paranoia pero ignorarlo nos resta la posibilidad de prevenir el peligro; que bueno que actuaste instintivamente y saliste de aquel lugar sano y salvo.

  3. Definitivamente la gran mayoría de las personas nos enganchamos en los rumores, ya sea falsos o verídicos, en lo que dicen los medios de comunicación, que llevan su tanto por ciento de mentiras y aunado a lo que el trasmisor le pone de su cosecha, pues acabamos creyendo más mentiras que verdades y desestabilizando a la población, por lo que hay que estar bien enterado para poder emitir cualquier cosa. Gracias por compartir tus relatos.

    1. Definitivamente debemos tener mucho cuidado con los rumores porque, como en esta ocasión, se exageró tanto que la gente empezó a saquear negocios y actuar fuera de toda norma.

      😀✌️

  4. Recuerdo ese evento, hubo familiares que aseguraban haber visto a esos hombres, incluso haber visto los centros comerciales saqueados e incendiados. Estamos viviendo algo similar, aunque ya bajo la intensidad, los falsos rumores de la pandemia continúan, creando condición y desconfianza, a grado tal que muchas personas no quieran vacunarse o ignoren la realidad de está pandemia. Las mentiras repetidas mil veces se vuelven verdades. Podríamos enumerar un sin fin de situaciones, que inventadas o creadas, han causado en efecto de psicosis en la población. Excelente relato, bien hilvanado y fácil de digerir, manteniendo la atención hasta el final.

  5. Mi lic yo recuerdo mucho eso por k ami me paso en el tianguis de santa Martha y la verdad es halgo que hoy me da risa por que cuando vi a la gente correr y gritaban hay vienen pues yo como borregito también corrí muy buena su historia lic

  6. Vaya, que tú relato, me recordó, cuando estudiaba, creo era un reclamo de los choferes de los camiones llamados «guajoloteros,» era un caos y peor por la noche, todo mundo corriendo, y en esa época no metro, no delfines, no combis, teléfonos de las esquinas bandalizados.
    Muy angustiante, y no supe a bien que pasó!

  7. Hola, gracias por compartir tu narración de un rumor real. Suele pasar que escuchamos un rumor y se activa muestra alarma interior que nos grita ponte a salvó aún cuando no sabemos de qué se trata. Bonito tú sentir al narrar. Felicitaciones.

    1. Gracias Mireya me da un enorme gusto que me leas, tienes razón al comentar que con un rumor, dependiendo del grado de peligro de éste, se activa nuestra alarma interior.

      ✌️😀

    1. Así es Mayor, aunque hay rumores que nos llegan a emocionar también porque esperamos cosas agradables.

      Lo mejor es tener la certeza antes de involucrar emociones.
      😀✌️

  8. Muy buen reportaje, nos ayuda a prevenirnos de poner atención a lo que vemos o leemos sobre todo en situaciones inesperadas como la que usted vivió de lo que puede llegar a significar un rumor o noticia en medios electrónicos, muchas gracias por compartir

  9. Dicen que lo que tus oídos oyen, y tus ojos ven, tu mente piensa. Y la mente, o la loca de la casa, nos pueden crear miedos inimaginables. Creo que lo que debemos hacer en esos casos, es tratar de mantener la calma y serenar la mente, en la medida de lo posible. Excelente relato. Felicidades

    1. Gracias por tu comentario Gloria, lamentablemente no todos tenemos la capacidad de pensar las cosas con mesura aunque sería lo mejor.

      Saludos cordiales
      😀✌️

  10. Bien recordado, la gente en la colonia Morelos, estaba armada no sólo con palos, tenían machetes y armas de fuego, me tocó rescatar a una adolescente , que estaba escondida en el basurero de un mercado, para llevarla al otro lado de la ciudad, yo como taxista, bien macho, seguí trabajando , y con ayuda de mi radio, reportabamos las zonas más difíciles, que fueron colonia Morelos, Merced, Tacubaya, y centro de Iztapalapa, gracias TEN SALUD 🖖

  11. Creo que es un poco difícil, distinguir de inmediato un rumor de una verdad, solo nos queda estar alertas porque no siempre vamos a poder confirmarlo, los rumores siempre tienen un fin y casi siempre es desviar la atención mientras se genera alguna otra acción y lo mejor es si está envuelto uno en ello, no averiguarlo en ese momento porque si es verdad puede uno sufrir algún daño, hace unos 3 años estuve viviendo en las peñas cerca de Santa Cruz Meyehualco, y un día paso un auto con un altavoz diciendo que eran de la familia michoacana y que no le iba a pasar nada a nadie si cooperaban, a lo que la gente inmediatamente se puso en guardia, y se generó mucho pánico un par de días, después se fue diluyendo, pero mientras todo mundo andaba espantado y otros más bravos armados, que cuando escuchaban el altavoz del que vendía el clarasol o del de las donas ya lo querían linchar.
    Saludos

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