"todo daba vueltas"

Cannabis

Estaba con algunos compañeros de clase en las mesitas de piedra que están al centro del patio principal de la escuela, cuando llegó Manuel haciendo alarde de que traía una mota muy buena.

Saúl Peña Rosas [i]

Ahora que el Senado legalizó el consumo de la mariguana para uso recreativo, lúdico, industrial y científico; recordé mi única experiencia con esta yerba, de la cual siempre me dijeron produce un efecto fenomenal.

Me había escapado por muchos años de probarla, a pesar de que desde niño crecí en un barrio donde se fumaba mota a granel. Podías ver a los comparsas dándose las tres, aguantándose el humo en los pulmones, para luego soltarlo despacito. Era una actividad  que realizaban a cualquier hora del día y en cualquier lugar que podían.

Aún así, nunca me llamó la atención, a pesar de que en mi calle era más común ponchar un toque, que fumar un cigarrillo de tabaco.

Obviamente mucho tuvo que ver mi familia, los valores y principios con los que fui educado. Eso hizo que no probara la marihuana, hasta ya  siendo adulto y siendo estudiante universitario, consciente de lo que hacía.

Me atrevo a decir que había pasado las pruebas más difíciles de mi vida, cuando, por una situación extraordinaria y si ustedes quieren inútil, probé por primera vez la cannabis.

Estaba con algunos compañeros de clase en las mesitas de piedra que están al centro del patio principal de la escuela, cuando llegó Manuel haciendo alarde de que traía una mota muy buena, de esa que te pone chido de inmediato.

Fotografía de archivo

Según yo, como buen conocedor de las personas que fuman dicha yerba, detecté que Manuel no tenía la más mínima idea de lo que decía, puesto que no sabía nada y ni tenía pinta de marihuano.

Recuerdo perfectamente ese viernes por la tarde, tocaba el grupo de rock Tex Tex en el patio trasero de la universidad. Decenas de estudiantes estaban coreando sus canciones que se escuchaban hasta donde nosotros estábamos. Apenas habíamos salido de clase y estábamos decidiendo el acuerdo, entre ir al desmadre musical o a los pulques de enfrente.

Finalmente la mayoría optó por el Tex Tex, que dicho sea de paso, a sus integrantes sí se les notaba que eran fervientes consumidores de marihuana, y nos lanzamos al concierto.

Por ser dicho evento dentro de la escuela, obviamente, no se podía ingerir bebidas alcohólicas, ni mucho menos ponchar un toque de mota, pero ese día rompimos todas las normas y restricciones del plantel.

Estuvimos cerca de una hora escuchando a la mencionada banda, entre las canciones «Te vas a acordar de mi» y el «Toque mágico» echamos desmadre, bailando, cantando y empujándonos de un lado para otro como si una banda de ska fuera la protagonista del concierto.

Finalmente decidimos ir a los pulques porque ya hacía falta algo fuerte, algo que prendiera el cuerpo. Entonces fue que mi amigo Manuel decidió prender la chicharra de mota que llevaba, que a comparación de los churrotes que forjan en mi colonia, se veía sumamente inofensiva y pequeña.

Fotografía con licencia Creative Commons de Banco de Imágenes

Estábamos a punto de bajar unas escaleras que daban a la parte posterior de la biblioteca, cuando me di las tres, igualito como lo hacían mis comparsas del barrio. Por un momento no sentí absolutamente nada, e incluso me atreví a decirle.

— ¡Tu chingadera no hace nada¡

Fue cuestión de bajar un par de escalones cuando empezó el mareo loco que me llevaba de un lugar a otro sin tan sólo mover un dedo. El  cuerpo se me anestesió y empecé con una sensación de hormigueo, tuve que llegar nuevamente a las mesitas de piedra para así sentarme en los banquitos. Llegué a poner mi rostro en la mesa cubriéndome la cabeza con mis brazos.

Sabía que esa chingadera había hecho efecto y como primerizo, estaba sintiendo algo que nunca en mi vida había experimentado.

Mis compañeros se acercaron preocupados, pero no sé porqué todo lo que me decían me causaba una risa incontrolable, lo cual evidenció que ya estaba bajo el efecto de la droga.

Volví a la posición de la mesa y mi mente divagaba por todos lados, era un vaivén de pensamientos pero sin sentido. Me sentía como tonto, aletargado, baboso, me molestaba mucho no tener el control de mis sentidos y mi mente, luchaba entre lo racional y lo abstracto. Lo único que quería es que ya pasara el efecto para ser yo nuevamente, con el total control de mis pensamientos, emociones y sensaciones. Apenas había pasado media hora.

Por un momento tuve ganas de ir al baño. Trataba de caminar derechito, pero de repente el piso se me movía, lo que sí les puedo asegurar es que nunca perdí la noción de realidad, sabía todo lo que estaba pasando. Sabía que sólo estaba bajo el efecto de una sustancia ajena a mi cuerpo, incluso, recuerdo todo con lujo de detalle.

"todo daba vueltas"
Fotografía de archivo

Cuando llegué al baño lavé mi cara con agua fría, pero lejos de mitigar mi ansiedad, la acrecentaba porque no sentía la frescura de siempre, más bien era como si estuviera lavándome con una arena muy fina.

Sentí ganas de hacer del baño y ya sentado en el excusado, por momentos viajaba a Europa y regresaba en una fracción de segundos. Para ese momento ya había pasado más de una hora y el efecto no cedía.

Regrese a las mesitas de piedra y mis compañeros me seguían esperando, Manuel estaba en la mesa de al lado sin decir nada, inerte, con la mirada clavada en el piso muy pensativo, se agarraba el mentón y meditaba.

Entre bromas y carrilla, escuchaba que mis compañeros decían,

— Cómprenle un litro de leche y tráiganle unas quesadillas para que se dé el bajón. ¡No qué muy chingón!

Llegaron los alimentos, bebí leche, comí tres quesadillas y nada. Simplemente el efecto no quería ceder. Entonces empecé a preguntarle a Manuel.

— Güey ¿A qué hora se me va a quitar esta madre? No quiero quedarme estúpido toda la vida.

Manuel sólo se limitaba a decirme.

— Aguanta cabrón, ahorita se nos pasa.

Me empecé a paniquear, tenía un tremendo miedo a quedar todo aletargado. Por momentos me desesperaba y por más que quería controlarme, el hecho de pensar en quedar en esas condiciones me aterrorizaba. De manera que fui insistente con Manuel y a cada rato le decía.

— Güey ya bájame del camión, no quiero quedar idiota.

Él ya desesperado y contagiado por mi insistente reclamo, empezó a cuestionarse si la mota que habíamos fumado era buena. ¡Vaya que sí lo era! Pero obviamente para quien ya es adicto a la yerba, ¿Pero yo? En ese momento lo único que quería era que se esfumara el efecto.

Después de tres horas y de no sentir que se me pasara, tomé una decisión drástica pero irreversible. Les pedí que me llevaran al hospital. ¡Ya no aguantaba más!

En ese tiempo mi hermano trabajaba en un nosocomio del sector salud, en el área de urgencias, y no dudé en pedir que me llevaran con él. Fui severamente criticado y cuestionado, no podían creer que les estuviera suplicando que me llevaran al hospital, pero la verdad es que ya temía quedarme así.

Mi amigo Jorge fue el encargado de llevarnos, ¡sí! de llevarnos, porque de tanto quejarme contagié a Manuel y decidió acompañarnos.

Cuando llegamos a la recepción no pude ver a mi hermano, no lo podía creer, justamente ese día, no había trabajado.

Como pude alcancé a distinguir a un viejo conocido que también trabajaba allí y le hice señas con los brazos en alto. Debo agradecerle todo lo que hizo por nosotros porque enseguida salió y me saludó fraternalmente.

— Hola ¿cómo estás? ¿Qué te trae por acá?

Tenía mucha pena de contarle el motivo de mi visita, así que pregunté por mi hermano. Se me quedó viendo fijamente y me dijo.

— Tu hermano está de vacaciones, ¿A poco no sabías?

Me negaba a decirle el motivo de mi visita así que sólo pude comentarle.

— Qué mal plan, no sabía que estaba de vacaciones. Lo que pasa es que vine porque estoy intoxicado.

Enseguida me dijo.

— No te preocupes ¿Comiste pescado o mariscos?

No me quedó más remedio que explicarle que mi supuesta intoxicación había sido por fumar cannabis.

Sorprendido, nos pasó casi de inmediato, ya en el consultorio le tuve que contar con detalle al médico que nos atendió el motivo de nuestra visita. Después de dar algunas indicaciones recuerdo que una enfermera nos dirigió hacia el área donde estaban muchos pacientes, unos en camillas, otros sentados. El hospital estaba saturado.

Nos dejaron en un rincón, yo pegado a la pared y Manuel del otro lado. Allí nos pusieron suero. No había bajado ni tres rayitas el medicamento cuando sentí que el alma regresó a mi cuerpo, fue casi en automático. Por fin volvía a ser yo. ¡Aleluya!

Manuel me dijo haber sentido lo mismo pero con la única diferencia que se estaba aguantando para no caer en pánico.

Las enfermeras nos pusieron una regañiza de esas que dan ganas de llorar, bajo el argumento de que el espacio que estábamos ocupando podría ser para alguien que en verdad lo necesitara, estuvimos siendo tachados de marihuanos indecentes.

A la salida me sentí afortunado de no haber quedado todo idiota y la verdad no cabía de la alegría.

Esa fue mi única experiencia con el consumo de mariguana y aunque ya ha sido legalizada, no me atrevería a probarla de nuevo.

Cada quién es responsable de lo que toma, fuma o consume. Con mayor razón, ahora que la cannabis pasó a ser una droga socialmente aceptada, como el alcohol y el tabaco.

[i] Saúl Peña Rosas es Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, autor de varios relatos y de la novela El día de tu muerte.

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34 comentarios en “CannabisAñade los tuyos →

      1. Muy bueno ojalá y así muchos tuvieran solo la experiencia y se dieran la oportunidad de recapacitar y no caer en las drogas

  1. Hola solo quiero comentar que alguna vez todos pasamos por algo parecido por desconocimiento o por curiosidad lo cierto es que son drogas que te van consumiendo poco a poco y no solo tu sino a tu familia va destruyendo tu vida y tus deseos de ser alguien mejor siempre la responsabilidad es de uno y el decir no a algo que no quieres es una decisión propia eso fue una mala experiencia pero cuando la superas aprendes y es parte de la vida

  2. Gracias por compartirnos tu experiencia Saúl. Siempre será polémica la decisión que tomaron las autoridades, respecto a la legalización de la marijuana, pero coincido contigo en una cosa; no hay duda alguna de que cada quien es responsable de sus acciones. Saludos.

  3. Que bueno que tu experiencia no fue muy agradable porque eso te ayudo a tomar una decisión muy sabia, hay muchos que no corren con la misma suerte y la experiencia se convierte en un terrible parteaguas en su vida.

  4. Está situación que surge de tu anecdotario personal, puede ser útil si lo publicas masivamente, en colonias populares, hay que reconocer tu correcta sintaxis, gracias por compartir, sólo por hoy, TEN SALUD 🖖

  5. Muy bien.
    Claro que el hecho de la despenalización o legalización no quiere decir que todo mundo debe consumir o vaya a consumir. Servirá para explotar sus propiedades y en su caso para dejar de estigmatizar a los consumidores.

  6. Nuevamente te felicito, eres muy inteligente, eso te ayudo a tomar esa decisión para forjar tu camino, que lástima que no toda la gente corre con la misma suerte y desafortunadamente no se escarmienta en cabeza ajena y por eso hay tantas muertes a temprana edad, mucho dista de que la gente corra con tu misma suerte. Sigue escribiendo, me fascinan tus relatos.

  7. Muchas gracias por contar esta experiencia se la voy a enviar a uno de mis nietos que se que consumía hoy no lo sé si lo hace pero él maneja una moto y trabaje en Uber y mantiene una familia muchas gracias

  8. Lo triste, es que, muchos una vez que la prueban, la siguen consumiendo y se vuelven adictos. Ojalá esto sirva reflexión y nunca la prueben. Buen relato, felicidades enhorabuena.

  9. Generalmente los adolecentes, pasamos por lo que yo suelo llamar los laberintos que recorremos a diario, desde la escuela hasta los entornos de la colonia. Lo que nos ayuda a encontrar la salida para no quedar en alguna de las trampas que hay en esos laberintos, es precisamente la fuerza que nos dan los valores adquiridos en la edad adecuada.
    Gracias, recordé a mis padres

  10. Pues dicen q el consumo de la marihuana no es adictivo y que no produce mal cerebral pero a mi siempre me ha dado miedo probarla, ya soy una persona mas q adulta y ni en una sola ocasion la ha consumido porque me da miedo sentur todo los efectos incontrolables que pudiera experimentar mi cuerpo y mi mente y como dice el protagonista de este escrito no poder regresar a m’i cuando lo pudiera desear y ser realmente yo, o no regresar ya ma’s (quizas exagero pero ese es el miedo que siempre he tenido desde que se’ que existe la marihuana). Yo tenia un maestro que decia que ‘esta no causaba adiccion pero yo conoci’ hace muchos años a un muchacho joven y guapo pero siempre llevaba una cocacola en la mano y un cigarrillo en la otra, conforme fue pasando el tiempo, los años, su semblante fue cambiando a tornarse el color de piel grisa’ceo y marchito y su comunicacion nula con la gente. Entonces elconsumo de la yerba magica si deja estragos permanentes en el cuerpo fisico y mental

  11. Gracias por tu comentario Lina. Creo que cualquier sustancia que cause efectos psicotrópicos en el humano debe de tratarse con suma precaución.

    Saludos cordiales

  12. Muy interesante la anécdota, pienso que como bien lo dices los valores y convicciones que nos vamos forjando en la familia son la clave para entrar o no a un camino sin regreso incluso en este caso se vale rajarse una vez que entras, aunque algunos personajes que te encuentras dentro de la vida cotidiana no necesitan cannabis para ser no solo idiotas o imbéciles totales, que no? Y también es por esos valores que solo vieron y adoptaron de las películas de Mario y Fernando Almada, Jajajaja, Saludos

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