Dónde quedó la bolita

Dónde quedó la bolita

Esta práctica tiene décadas de llevarse a cabo en México y en muchos países de Latinoamérica, casi todo el mundo sabe que es un engaño, pero aun así lo siguen jugando.

Saúl Peña Rosas [i]

Las posibilidades de salir bien librado de esa situación eran casi nulas, siempre pensé que el día que nos descubrieran recibiríamos una tremenda golpiza o iríamos a parar a la cárcel. Pero esto es lo que sé hacer porque mi padre así me lo enseñó, mi familia se ha dedicado a esto por generaciones y honestamente es lo que soy.

No pretendo justificarme porque finalmente tengo que aceptar que me gusta lo que hago, es todo un arte que tiene su chiste y grado de dificultad, además la gente tiene la culpa por ser tan ambiciosa y pretenciosa. Y si no díganme ¿quién en la actualidad, en su sano juicio, cree que va ganar tanto dinero de un sopetón?

Esta práctica tiene décadas de llevarse a cabo en México y en muchos países de Latinoamérica, casi todo el mundo sabe que es un engaño, pero aun así lo siguen jugando porque les gana la ambición. La adrenalina hace lo suyo, se llegan a emocionar tanto, sobre todo después de que ven como mis paleros ganan dinero de manera rápida, que a ellos no les queda más remedio que apostar lo que tengan en ese momento, no importa para qué esté destinado ese dinero, ellos lo apostarán con la plena certeza de que me van a ganar.

Pero no crean que es una labor sencilla, a mí me llevó años de aprendizaje y sobre todo zapes, jalones de pelo y regaños de mi viejo que no chistaba en gritarme si me equivocaba al menear las tapitas de plástico sobre el paño de terciopelo negro o satín, cuando practicábamos en el patio de la vecindad. Él solía reprenderme así.

Imagen con licencia creative commons

一Por errores como este te pueden dar en la madre pendej0, ¡ponte ch1ngón! aprende a menear bien las manos y los dedos porque si no te voy a dar en la madre.

Como se darán cuenta él era muy amable y decente al enseñar, sobre todo muy paciente ¡ajá! Pensándolo bien fue un c4brón hijo de la ch1ngada, aunque tengo que aceptar que gracias a sus regaños y madrizas aprendí muy bien. El viejo era tan culer0 que si no veía que mejoráramos en la técnica, nos mandaba a la cama sin comer y sin cenar, y decía:

  一Odio tener hijos tan pendej0s.

 Afortunadamente para mí, las peores madrizas se las llevó mi hermano mayor porque a él se lo ch1ngaba con el cable de la plancha, sobre todo cuando mi padre llegaba borracho. A mí ya no me tocaron esas tranquizas pero sí los zapes y uno que otro jalón de patillas al viejo estilo de los maestros ochenteros.

Afortunadamente aprendimos muy rápido y mi padre fue preso por robo a casa habitación, eso nos libró de él. Mi madre no reparó en aventarnos al ruedo para que siguiéramos con el negocio familiar. Ella también tenía lo suyo, nos decía:

一Órale h1jos de la ch1ngada que aquí no es beneficencia pública, vayan a ganarse la tragazón porque yo no voy a mantener huev0nes. 

Tuvimos que formar un equipo muy dinámico y competente, la Chulis de 20 años, el Coco de 30 y doña Ema de 65, mi hermano de 25 y yo de 19, entre todos hicimos el grupo perfecto para esta nueva empresa que prometía superar por mucho al trabajo realizado por mi viejo. Yo a esa edad sabía perfectamente cómo dirigirlos por el rumbo del éxito.

Debo decirles que la selección del personal fue de suma importancia porque la gente debía sospechar lo menos posible, de manera que la Chulis siempre vestía como colegiala con su falda de cuadros, blusa blanca y su mochila escolar, el Coco podría pasar perfectamente por un oficinista con su pantalón de vestir, zapatos tipo bostonianos, camisa clara y chamarra casual con un gafete falso que colgaba de su cuello. Doña Elena, que se hacía acompañar de su nieto el ratón, con su bolso de mandado vestía justamente como es, siempre con su delantal, zapatos bajos y vestidos holgados que la hacían parecer como cualquier ama de casa. A mi hermano le gustaba usar mucho un overol de mecánico, y yo podía ir de mezclilla o como me diera la regalada gana.

Nos instalábamos en los tianguis más cercanos, usábamos el pasillo central por ser el más concurrido y pagábamos piso como cualquier otro comerciante. El de la colonia San Felipe era uno de los más rentables, sacábamos muy buena lana ahí.

Así empezábamos con este ritual  de la tranza y la estafa, aproximadamente a las 11 de la mañana que ya había un gran número de marchantes, yo empezaba a mover la bolita por debajo de las fichas algunas veces dejando la tapita levantada entre la bolita y el paño para luego taparla completamente con la intención de que la gente supiera perfectamente donde había quedado la bolita. Con voz alta me dirigía a todo aquel que se paraba a mirar.

一Si usted adivina dónde quedó la bolita se lleva lo que apueste.

Doña Ema con el chiquillo al lado y su bolsa de mandado, se aventaba a apostar mostrando un billete de 200 al mismo tiempo que ponía su dedo índice sobre la fichita donde aseguraba estaba la bolita.

一 ¡200 a esta fichita! ¡200 a esta fichita!

Yo como meneador de las fichas la hacía de emoción y me dirigía hacia ella.

一Está usted segura doña que ahí está la bolita porque ya no hay vuelta atrás,

Los mirones ingenuos siempre estaban a la expectativa. Mi hermano y mis paleros empezaban a hacer su trabajo interviniendo en el momento preciso.

一¡Ya páguele! ¡ahí está la bolita! ¡sí ya páguele no sea tranza!

La gente se quedaba esperando a que yo le pagara a la adorable ama de casa que había ido por su mandado al tianguis ¡Ajá! Yo seguía preguntándole si estaba segura de su apuesta porque si perdía tendría que quedarme con esos 200 pesos.

La Chulis y el Coco hacían lo suyo y presionaban tanto que los mirones se sumaban al reclamo para que le pagara a la que bien pudiera ser la madre de muchos de los presentes. Finalmente volteaba la fichita, dejando al descubierto la bolita roja y le pagaba a doña Elena haciendo un gesto de desagrado y frustración. La gente debía notar que realmente me dolía pagar esa cantidad de dinero así que lo entregaba de muy mala gana y le pedía al ganador o ganadora que se retirara para hacer más creíble el fraude.

一Ya se puede retirar jefa, ¡circulando por favor!

Doña Elena, que dicho sea de paso era una excelente actriz, volvía a apostar para ganar una o dos veces más enganchando a los incautos.

Así repetíamos la escena una y otra vez, algunas veces cambiando de apostador y personaje, el chiste era que la gente se engatusaba y caía como inocente palomita en las garras del gato.

Fue un negocio muy fructífero ya que algunas personas llegaban a apostar fuertes cantidades porque tenían la certeza que iban a ganar. La verdad es que al principio les dejaba ganar un par de veces, así, una vez teniendo el dinero en sus manos, la ambición les circulaba por las venas y terminaban por apostar todo lo que tenían.

Es ahí donde la magia se hacía presente porque movía tan bien las fichas que era imposible que detectaran dónde había quedado la famosa bolita roja. El truco consistía en ocultarla entre los dedos, algunas veces dejarla caer al piso o definitivamente meterla debajo del extensible del reloj. Todo tenía que ser muy rápido a la vista, precisamente por eso mi padre dedicó semanas para enseñarnos. Últimamente, con lo de la pandemia y el uso del cubrebocas, simulaba rascarme la cara para ocultar debajo del cubrebocas la bolita roja. La gente nunca lo notó.

Dónde quedó la bolita
Fotografía: archivo Imagen99

Todavía recuerdo cuando le ganamos al trabajador de una herrería de mucho prestigio del barrio de San Juan de Aragón, su patrón lo mandó a comprar una planta eléctrica de alta gama. En este tianguis puedes conseguir todo lo que quieras a precios muy bajos, obviamente porque son de dudosa procedencia, pero siempre hay comprador y vendedor de lo robado. Así que a este amigo en vez de mandarlo a comprar en un lugar establecido donde le dieran factura y garantía, lo mandaron al tianguis.

Con lo que no contaba el patrón es que su trabajador pensó que iba a hacer el negocio de su vida y perdió los seis mil cuatrocientos pesos que le había dado para comprar la planta eléctrica. Cuando se vio sin dinero el tipo lloraba y me suplicaba que le devolviera el dinero, pero como ustedes deben imaginar este es un negocio honorable y no hay vuelta de hoja. Tuvimos que correrlo del lugar con amenazas porque ya se nos estaba poniendo bravo. Después de haberle ganado esperamos cinco minutos y levantamos el changarro, nos fuimos de ahí de volada. El día había terminado para nosotros con muy buenas ganancias.

Una ocasión le quitamos siete mil pesos a un señor que simplemente se dio la vuelta y dijo.

一¡Ni pedo, hay que saber perder!

De esos clientes queríamos por docenas, pero la realidad es que ya mucha gente sabía que se trataba de un fraude y era muy difícil pescar ingenuos. Aun así nuestro día nunca lo dejábamos por menos de cuatro mil pesos, tenía que salir para el chivo de toda mi empresa.

Un día llegó un tipo de unos treinta años, con la que aparentemente era su esposa, traían unas cervezas en vaso con chile y limón, parecían unos auténticos marchantes del tianguis. Se acercaron y el tipo empezó a jugar, como siempre yo le dejé ganar un par de veces con apuestas de doscientos pesos. Su pareja insistentemente le decía en voz bajita.

一Ya vámonos Mario, o te van a ganar todo el dinero.

Qué razón tenía, ya lo tenía para darle la última estocada cuando decidió apostar todo lo que traía, cinco mil pesos y un reloj de unos mil pesos de valor. Yo le dije que le agarraba la apuesta por cinco mil quinientos. Saqué el dinero y lo conté frente a ellos, apenas y ajusté pero finalmente la presa estaba por caer. Nunca imaginé que esa pareja también eran un par de paleros.

Empecé a mover las fichas pasando la bolita de una a otra, mostrándola de repente y haciendo la magia de la estafa. En un parpadeo puse la bolita en mi cubrebocas y el marchante cayó. Hizo su apuesta y obviamente perdió. El tipo se puso furioso, empezó a gritar que lo había robado. Cuando sucedían este tipo de contratiempos el Coco siempre se levantaba la camisa dejando ver la escuadra que llevaba en la cintura metida en la pretina del pantalón. Generalmente la gente se espantaba y salía a paso veloz del lugar. Pero esa ocasión, escuchamos la voz de un puerco que decía:

一¡Policía de investigación, las manos a la cabeza!  

Salieron como diez c4brones no sé de dónde. Fue la última vez que chambeamos juntos, cuando nos subieron a las patrullas me tocó irme con la Chule, en el camino le iban diciendo.

一Ahora sí la vamos a llevar al colegio señorita.

Se fueron carcajeando todo el camino. Pero pensé entre mí, no hay pedo, hay que saber perder.

[i] Saúl Peña Rosas es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Escritor de diversos relatos y autor de la novela El día de tu muerte.

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27 comentarios en “Dónde quedó la bolitaAñade los tuyos →

  1. Excelente relato Lic, Me hizo recordar bellos momentos cuando recorría el centro con mi mamá y mi hermana… Era difícil no voltear a ver el alboroto que se hace cuando estas personas están con el juego… Un día estuve a punto de caer en la trampa…

  2. Buena descripción urbana, actualmente sigue existiendo y es que el gusanito de las apuestas, no todos lo conocen, es fuerte con los débiles .
    Aunque hay una frase que me enseñaron en Los Ángeles, California, dice «the best Game ís no Game». Que en español es EL MEJOR JUEGO ES NO JUGAR, GRACIAS TEN SALUD 🖖

  3. La avaricia es uno de los peores egos, la ambición es mortal, pero leer quita lo tonto, no hay nada como leer, felicidades muy buen relato y muy buena enseñanza «Hay que saber perder’

  4. Jajaja, no se de dónde sacas tus relatos, si entrevistas personas o si es de tu creatividad, pero de cualquier forma muy buenos, y entretenidos, dejándonos recrear cada escena con la mente, como cuando en antaño q no había TV y te entretenias leyendo o escuchando la radio. Felicidades!!

  5. A mí nunca me ha tocado ver eso en el tianguis, pero a una tía mía si la tranciaron con él tal jueguito ese de la pelotita, ya que al ver que otros ganaban pues ella le entro y la dejaron sin teléfono y sin dinero y como en el relato empezó a decir que eran unos rateros eh intento buscar a un oficial, pero cuando lo encontró le explicó todo y al ir al lugar ya no había nadie.
    Pero a hora ya sabe que no se debe de acercar a ese tipo de puestos en dónde se ve la bolita de gente.
    Excelente relato.✨

    1. Que mal que hayan tranzado a tu tía, desafortunadamente la vida está llena de experiencias que muchas veces no son nada agradables.

      ✌️🙂

  6. Que triste es saber que muchas conductas negativas se heredan dejando a los hijos sin opción de vida. Se que es una anécdota pero encierra mucho de cierto, el problema es que aunque terminan mal, ellos lo ven normal.

  7. Muy bueno, me imaginé a Tun Tun, Alfonso Zayas, la pelangocha y Luis de Alba en el puesto, transando a medio mundo, decía Don gato, nace un tonto cada día, no seamos ese nuevo espécimen, no dejan de ser estafadores aunque sean simpáticos y muy hábiles, los que sabemos los evitamos pero y los que no? Seguirán siendo clientes, aquí en tierra Santa Iztapalapa ay todavía algunos ejemplos
    jajaja
    Saludos

    1. Jajajaja todos unos personajes.
      Mientras siga habiendo personas que apuesten ellos seguirán en esto de la tranza y la estafa.

      🎸🎸✌️😀

  8. Wow, todo se paga en esta vida y todo tiene un principio y un fin, me gustó mucho tu relato. Tristemente se deja engañar la gente a la que le gustan las apuestas . Sigue con tus relatos que a muchos nos fascinan.

  9. Buenisima, conforme iba leyendo «veia la escena», y la disfrutaba, tal cual y si la disfrute’. Me acorde de que» para uno, uno y medio». Grac licenciado Peña por hacerne recordar uno de tantos juegos mexicanos.

  10. Jajajaja, buen relato,
    en CU, había esos tipos, mi instinto me decia, ni te acerques, ya q también entre la gente, te robaban dinero de la bolsa y todo por la curiosidad.y avaricia

    1. Ese dato de los mete manos o mejor conocido como el dos de bastos, es muy complementario porque es verdad que entre los paleros y otros aprovechan para sacar celulares y carteras.

      Gracias Elena por tu aportación a este relato.

      😊✌️

  11. Me encanto el relato, es excelente, hace mucho tiempo me mandaron a Puebla, a un curso, salimos de paseo, y a un compañero le robaron $500.00 con ese juego, aún recuerdo su cara de desolación y enojo. Gracias por compartir tu talento🙏

  12. Muy buen relato, deja ver con mucha vivencia la forma de ser débil a lo prohibido, a la curiosidad, al engaño y a la astucia de robar a ojos vistos . Y qué sin importar las consecuencias lo vemos hoy en día de forma normal. Saludos, me gustan mucho sus relatos, hacen qué me imaginé toda la escena.

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