"Empecé a los 16"

Empecé a fumar a los 16

Nunca hubo fallas con mi vicio, las morras nunca me hicieron gestos, hasta que me ennovié con Sofi.

Brandon Engrandes [i]

Empecé a fumar a los 16, y se me hizo vicio. Primero los Marlboro, durante mucho tiempo insistí en que no había mejores cigarros; luego los Camel, eran más suaves, pero duraban más; cuando empecé a trabajar descubrí que los Delicados, aunque resistían menos caladas, eran más fuerte y además baratos. Con el tiempo me quité de pendejadas y comprendí que el peor cigarro es el que no se fuma.

Nunca hubo fallas con mi vicio, las morras nunca me hicieron gestos, hasta que me ennovié con Sofi. Cuando se le pasó el enamoramiento, se dio cuenta de que yo no le caía tan bien. Mi carrera le parecía una pérdida de tiempo, hacía jetas cuando se me salía el tonito chacalón y no le gustaba que oliera a cigarro. Durante el tiempo que anduvimos intenté dejar de fumar muchas veces, en nuestra última pelea me echó en cara el no haber sido capaz de hacerlo. Como un último acto pusilánime, aunque ya no tuviera sentido, me propuse, una vez más, dejarlo.

"Empecé a los 16"
Ilustración: Arturo Almanza

Pocos días después de que me terminara, la vi besuqueándose con otro, me dolió mucho, sí, pero no me sorprendió, aunque el olfato del fumador se deteriora progresivamente yo ya me las olía, su amiguito de la guitarra apestaba a perro, y la única vez que me atreví a sugerirlo incluso me llamó enfermo, pero ¿quehobolas?, si pendejo pendejo tampoco soy. Temblando de rabia y con los puños apretados, antes de soltarle un golpazo a la pared, preferí comprar unos Marlboro rojo. Prendí uno y a la tercera calada la emprendí en mi contra, pinche sinhuevos, me dije, por eso te dejaron. Juré tirar la cajetilla en los botes de basura del paradero, pero cuando estuve ahí consideré que ya me había gastado 60 varos y pus, qué pasó, mijo, ni que el dinero se diera en árboles.

Mientras esperábamos la combi, se separó de la fila un cabulilla que también estaba formado, “qué tranza, valedor, rólame un tren sí o no». Sofía reniega del barrio, pero ahí se aprenden cosas bien importantes, entre ellas, que ni el agua, ni la comida ni el vicio se niegan, la vida da muchas vueltas y no sabes cuándo te va a tocar a ti andar erizo. Saqué la cajetilla y le dije que se agarrara unos tres, le ofrecí lumbre y prendió uno «chido, mi carnal, ahí andamos» y se fue a la cola.

La combi iba dando tumbos, la tarde parecía percudida y un relámpago me sacó de mi discusión imaginaria con Sofía justo cuando llegamos a la parada de la 20. Ahí se subió un chacal cualquiera, todo normal, hasta que sacó el fierro. Después uno de los pasajeros, el que me había pedido el cigarro, se levantó y gritó que ya nos la sabíamos, celulares y billetes, puros billetes, mamá, quédense su morralla, tampoco venimos a pasarnos de verga.

Nadie se iba a poner a averiguar si el fierro era de juguete, yo también saqué mi celular y los tres billetes de 100 que traía, «tú guarda tus cosas, mi carnal, ahí andamos» me dijo cuando llegó a mi lugar. Se bajaron en la siguiente cuadra, nos recordaron que ahí no pasaban patrullas y que una pendejada y valía verga. Le ordenaron al chófer no detenerse hasta las siguientes dos cuadras, se despidieron «que Dios me los bendiga, mi gente» y se bajaron con el botín bien entusado en las mochilas.

Cuando bajé de la combi, prendí otro cigarro para el susto, y tuve una idea que me hizo gracia: el día que le tocara a Sofía y a su nuevo miperro, no iban a traer un cigarro que los defendiera.

[i] Brandon Engrandes, aprendiz de escritor. Estudiante de Creación literaria en la UACM y de Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM. Autor de cuentos y poemas, agente telefónico de call center y jardinero.

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7 comentarios en “Empecé a fumar a los 16Añade los tuyos →

  1. Me da gusto que estés creando contenido, me recordó a charles bukowski en el relato de la vida de vicios con un toque fino lleno de palabras antisonantes. Me atrapó, muchas felicidades espero tu nombre sea ícono y represente buena literatura mexicana.

  2. ¡Excelente relato! Lo que extraigo no es una reflexión sobre el vicio, el amor o el desamor sino la verdadera forma en la que piensa el ser humano. Está vida no son cuentos de hadas, no existe Romeo y Julieta (como burdamente se le interpreta y relaciona con el amor), no hay súper héroes, no hay finales felices, no hay reflexión inmediata, somos simple y llana naturaleza. Somos una Basura…ja,ja,ja.

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