Fútbol

En el último minuto

Mauricio Roldán, alias el Chimigón, de 25 años de edad, caminaba con un contoneo apresurado, casi como el de un marchista profesional, esto en el tianguis de la colonia El Arenal. Traía puesto una sudadera con la capucha sobre su cabeza, unos lentes oscuros y el cubrebocas…

Saúl Peña Rosas [i]

Mauricio Roldán, alias el Chimigón, de 25 años de edad, caminaba con un contoneo apresurado, casi como el de un marchista profesional, no corría porque podría evidenciarse, pero sí avanzaba más que el resto de personas que transitaban el tianguis de la colonia El Arenal. Traía puesto una sudadera con la capucha sobre su cabeza, unos lentes oscuros y el cubrebocas de uso actual, que prácticamente cubrían todo su rostro. Trataba de perderse entre puestos metálicos, lonas y la gente del lugar, de repente hacía alto total, se inclinaba en algún local de chácharas a ras de piso y preguntaba por el precio de cualquier cosa, lo que fuera. La tomaba con una sola mano y la mostrába al vendedor, la otra mano la mantenía metida en la bolsa de la sudadera. Ahí traía la pistola con la que había matado minutos antes al Cuino.

—¿Cuánto por esto?

—100 pesos joven, tiene dos repuestos y está casi nueva, puede prenderla. Contestó el vendedor

No sabía ni lo que había tomado, pero le servía para permanecer desapercibido en la medida de lo posible. Así que no la compró.

—Gracias, no me sirve.

Se incorporó y retomó ese paso veloz bien marcado. Metros adelante, atrás de un puesto de carnitas pegado a una de las aceras de la calle, colgaba un cartel en el muro de un local resquebrajado y pintarrajeado. El cartel decía: “Baños 5 pesos”. Atravesó el puesto entre mesas, sillas y comensales, ofreciendo disculpas por su manera precipitada de cruzarse. Fue directamente a la entrada y notó que tres personas esperaban su turno. Se puso en cuclillas, tomándose la panza con ambas manos, sosteniendo la pistola por dentro de la sudadera y, con tono angustiante, le dijo:

 —¡Por favor, déjenme pasar, tengo chorrillo!

Las personas se compadecieron y le permitieron entrar antes, saltando el lugar de todos. Pagó los cinco pesos a una señora gorda que estaba sentada en una silla frente a una mesita, donde se exhibían pequeños rollos de papel higiénico. Tomó los cuatro cuadritos a los que tenía derecho y se introdujo en uno de los cinco cubículos que despedían un olor a caca combinado con perro putrefacto, vómito y caño. El excusado estaba embarrado de mierda y tenía pegado un sarro añejo que ningún producto milagro de limpieza podría quitar.

Su intención obviamente era ocultarse de la justicia. A lo lejos ya se empezaba a escuchar el ruido de las sirenas que le hacían sudar frío. Aprovechó su estancia en el lugar y decidió hacer sus necesidades. Dado el nivel de estrés y miedo se le cumplió lo de la diarrea y empezó a evacuar a presión, hacía un sonido parecido al de una llave de agua que se abre para dejar escapar el líquido a chorros y que de repente es cerrada de manera abrupta. Eso no estaba en sus planes, pero ante las necesidades del cuerpo no tuvo opción, pronto recordó los cuatro miserables cuadritos que había echado en su bolsillo y supo que iban a ser insuficientes ante la magnitud de su desgracia.

Por su mente atravesó la idea de pedirle ayuda a la encargada gorda, pero ya no había tiempo. Utilizó los cuatro cuadritos de un jalón y como era de esperarse no resistieron provocando que sus dedos se llenaran hasta las uñas de porquería. Se quitó una de sus calcetas blancas y la utilizó como remedio infalible pero aún no lograba quitar la totalidad de la hez embarrada y esparcida hasta la espalda debido a su mala técnica de limpiado. Utilizó la otra calceta y resolvió el problema.

Salió de los baños sin lavarse las manos, estaba tan nervioso y asustado que olvidó hacerlo, continuó recorriendo el tianguis hasta llegar a donde venden la ropa de paca, ahí volvió a hacer un alto, por su mente pasaba la idea de que pudo ser visto por las cámaras de circuito cerrado que están instaladas en la panadería donde trabajaba el Cuino, o en su defecto por  las que tiene el gobierno en las avenidas principales.

Decidió comprarse unos pants deportivos con franjas a los lados para cambiar su aspecto lo más que pudiera. Se los puso por encima del pantalón de gabardina que llevaba puesto y continuó con su huida.

Habiendo recorrido casi todo el tianguis, pudo percatarse que la mayoría de las calles aledañas estaban llenas de policías, ya no sabía qué hacer así que no tuvo más remedio que sentarse en un puesto de comida y pedir un sope con suadero. Los policías empezaron a recorrer el tianguis y pasaron un par de veces por detrás de él, que ya estaba platicando con un comensal que vestía una playera del Real Madrid.

—Cómo ves brother ¿crees que ahora sí gane la copa champions?

El comensal fanático enseguida se enganchó y le dio una muestra de sus conocimientos destacados sobre el fútbol europeo.

— No solo va a ganar la champions, creo que tiene amplias posibilidades de ganar la Europa League y el torneo local.

Chimigón lo veía a los ojos, pero por su mente atravesaban tantas cosas que por momentos sólo asentía con la cabeza como acto de aprobación a quién le estaba sirviendo de pantalla para confundir a los policías.

Llegó su sope de suadero pero antes de agarrarlo se vio las manos que aún tenían materia fecal en las uñas. Afortunadamente había alcohol desinfectante en la mesa y casi se acabó la botella ante la mirada reprochante del locatario.

Los policías pasaron nuevamente y realizaron una revisión a una persona que no tenía nada que ver en el asunto. Chimigón aprovechó que todas las miradas estaban puestas en la acción de los azules y decidió pagar e irse, no sin antes despedirse del aficionado del Real Madrid, olvidándose por completo de su sope con suadero.

Al ver que no podía salir del tianguis debido a tanto policía, se acercó a unos niños que jugaban fútbol en unas canchas que estaban a unos metros de distancia sobre un camellón. Interrumpió el juego, sacó un billete de 100 pesos y les dijo.

—Les reto a que tres contra mí no me ganan, si lo hacen les doy cien pesos

Los infantes se le quedaron viendo como si se tratase de una broma, uno de ellos tuvo la sensatez de preguntar:

—¿Y si perdemos? nosotros no tenemos dinero para pagar.

Chimigón les dijo que no había problema y hasta sugirió depositar los cien pesos con el chico que había preguntado. El ganador sería el primero en anotar tres goles.

Se quitó su cinturón, y por debajo de la sudadera se fajó bien la pistola para evitar que se le cayera. Estaba sumamente incómodo pero no tenía opción, él debía confundir a los policías a como diera lugar. 

El partido dio inicio. Pensó que iba a ser pan comido ganarles a tres chicos de aproximadamente 10 años, pero  se quedó sorprendido cuando sin haber pasado ni medio minuto le metieron el primer gol.

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Collage con imágenes de licencia Creative Commons

Entre tanto los policías seguían pasando a su alrededor, uno de ellos se quedó mirando como jugaban y esto lo puso muy nervioso, tanto que fue blanco de otro gol a los pocos minutos.

—Sólo falta uno y le ganamos, decía el niño que traía el billete de cien en la bolsa del short.

Chimigón no podía permitir que acabara el juego, ya que esto representaba volverse a ver como cualquier sospechoso. Realizó un verdadero esfuerzo y por velocidad más que por buena técnica disminuyó el marcador acertando un gol que dejó sembrados a sus contrincantes. Pronto el partido se volvió intenso, Chimigón corría con todas sus ganas, pero los niños empezaron a realizar pases muy exactos, tuvo que sacar ventaja de su fuerza corporal y desplazando a dos de sus contrincantes lanzó un cañonazo que por poco deja sin cabeza a uno de los chiquillos. El marcador estaba dos a dos. Él no quería ganarlo de inmediato pero tampoco podría permitirse perder, así que hizo hasta donde pudo por mantener ese marcador y alargar el partido lo más que pudiera.

En una jugada bien orquestada por los niños, tocando el balón de extremo a extremo por toda la cancha, hicieron que Chimigón se replegara defendiendo con todo su portería. El niño que resguardaba los cien pesos, recibió el balón con el pecho, lo bajo de manera magistral, como un auténtico crack, lo acomodó a su pierna zurda y sacó un rayo amenazante dirigido hacia el ángulo superior derecho de la portería, Chimigón sintió que su vida prácticamente se había acabado, pero decidido a no dejarse agarrar, se lanzó como el mismísimo Jorge Campos, a mano cambiada llegó al balón y evitó el gol ante la mirada atónita de los niños.

Con el paradón que realizó también salió volando la pistola calibre 3.80 dirigida a los pies del único espectador del partido, el oficial de policía. Este no dudó en encañonarlo de manera inmediata y audaz, pidiéndole que permaneciera en el suelo, al momento que le decía sus derechos.

[i] Saúl Peña Rosas es Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, autor de varios relatos y de la novela El día de tu muerte.

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32 comentarios en “En el último minutoAñade los tuyos →

  1. Excelente historia
    Por cuidar que no le metieran el gol salió peor y claramente no pudo escapar de su destino así tenía que ser de una u otra manera lo iban a atrapar por lo que habia hecho.

  2. Desconozco si existe el género literario » crónica urbana», así siento tus historias, se ubican en la realidad y sociedad actual. Gracias x compartir, TEN SALUD 🖖

  3. Gracias Julio, de antemano te agradezco que te sigas tomando la molestia de leerme, efectivamente hay algunos de mis escritos tienen un tinte urbano, al menos eso intento plasmar.

    Saludos cordiales😃✌

  4. QUE LAMENTABLE SUERTE DEL CHIMIGON.
    TODA VEZ QUE EL PARTIDO QUEDO EMPATADO, AHORA DEBERÁ IR AL PENAL.
    QUE BUEN RELATO PEÑA.

    ATTE
    ADRÍAN B. (PC)

  5. Nunca comento, pero en esta ocasión, siento que fuiste muy explícito en eso de ir al baño, creo q no necesitabamos tantos detalles tu amables lectores!!!
    P.D, Y lo leí a la hora de la comida😫🤮

  6. Mucho éxito Saul en estas crónicas urbanas, están bien explícitas, entre la realidad y la fantasía, pues así de confusa es la vida. Suerte

  7. Interesante relato ! La justicia divina le llegó en el momento adecuado ! Que hasta las manos se llenó de lo que tiene su poco cerebro

  8. Felicitaciones , me gustan tus relatos, aunque a veces me tarde un poco en leer, por las múltiples actividades, pero me son muy interesantes y en cada relato, logras que uno se adentre y quede en suspenso . Gracias por compartir tus relatos.

  9. Lo maravilloso de leerte ,es que haces que imaginé todo ,el tianguis ,la gorda ,el baño y hasta me dieron náuseas de imaginarme sus dedos embarrados 😝 .
    Cuando leí el título pensé que se trataría de alguien despidiendose al morir ; pero fue muy interesante toda esa travesía .

    Excelente Saúl ☺️

  10. Muy bueno, creo que sude igual que el chimigón mientras lo leía y hasta me dieron ganas de ir al baño, jajaja, afortunadamente no tengo que usar 2 cuadritos.
    Saludos

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