"karla y Javier"

Karla y Javier

No habían pasado ni tres segundos cuando su bebé soltó el llanto casi al mismo tiempo que ella.

Saúl Peña Rosas [i]

Karla tiene 18 años, llegó a las oficinas de Atención a Víctimas del Delito y Violencia Familiar y comenzó su relato de esta manera:

— Me volvió a pegar

No habían pasado ni tres segundos cuando su bebé soltó el llanto casi al mismo tiempo que ella. El niño se movía inquietamente, como queriendo zafarse de los brazos de su madre. Ella lo sujetó fuertemente, respiró, se limpió las lágrimas, tomó aire y continuó.

—Hoy por la mañana no quiso darme lo del gasto, el niño no fue a la escuela porque no tuve para el pasaje ni para su desayuno, él estaba acostado en la cama, crudo, porque anoche estuvo tomando con los de la calle, no fue a trabajar, cuando le pedí para los pasajes sólo me decía “no estés chingando” y se volvía a tapar con las cobijas, pero como insistí, se levantó y me dio una cachetada que me dejó el ojo morado.

La cara de Karla cambia drásticamente al narrar lo ocurrido, su rostro evidentemente desencajado deja ver la huella de la agresión, una contusión en el pómulo izquierdo que no llega a ser una herida profunda pero sí muy vistosa.

"karla y Javier"
Fotografía: archivo Imagen99

¿Cuánto tiempo tienes de casada o viviendo con él?

—Cinco años, vivimos en la parte trasera de la casa de su mamá, en un cuarto muy pequeño, casi de tres metros cuadrados, sólo tenemos la cama, un ropero, la estufita y una mesa.

¿A qué se dedica tu pareja?

—Él trabaja un moto-taxi, pero toma mucho y a veces deja de hacerlo, se queda borracho en la casa, el dueño ya ha ido varias veces a buscarlo porque le debe varias cuentas, pero, o no lo encuentra, o mi suegra lo tapa al decirle que no está.

El niño empieza a llorar y Karla decide pararse para mecerlo en sus brazos

¿A qué te dedicas?

—Soy ama de casa, a él no le gusta que trabaje, un tiempo estuve yendo con mi tía a vender verduras en los tianguis, pero sólo me dejo ir dos veces, después dijo que no le gustaba que su hijo estuviera todo el día en el mercado. En ese entonces tenía a mi hijo el mayor chiquito, me lo llevaba a trabajar, y ni así me dejó.

Su voz se escucha entrecortada debido al movimiento que hace al mecer a su hijo.

¿Desde cuándo sufres violencia por él?

Fotografía: archivo Imagen99

—Desde que nos casamos por el civil, recuerdo que cuando llegamos de la pequeña fiesta que se organizó en la casa de su patrón, me dijo “vale madres, te vi que andabas de culera bailando con el Jorge», y me apretó los brazos tan fuerte que dejó marcados sus dedos. Ya desde que éramos novios me celaba y me gritaba, pero nunca me había pegado hasta después de dos meses de casados. Le agarré cincuenta pesos que tenía guardados debajo de un mueble, los tomé para comprar comida, pero se enojó tanto que empezó a darme de zapes en la cabeza, cuando se cansó de hacerlo me dijo: ¡Te lo mereces por cabrona! A ver si así aprendes a no agarrar lo que no es tuyo.

¿Con qué frecuencia sufres violencia?

—Últimamente se la ha agarrado de cada mes más o menos, que es cuando más toma; cuando está en su juicio casi no lo hace, pero nada más se embriaga, empieza a insultarme y termina por pegarme sin importar que sus hijos lo vean, ya hasta mi hijo Jonathan me pega también de tanto que ve a su papá que lo hace, pero a él sí me lo chingo.

¿Has acudido alguna otra institución para resolver tu problema?

—Es la primera vez que me animo a denunciar, nunca lo había hecho por miedo, además si él se entera y me corre de su casa, no tendré a donde ir con mis dos hijos.

¿Alguien más sabe de esta situación?

—No, las únicas que saben son mi tía y su mamá. Mi tía me había dicho ya desde hace algunas semanas que lo denunciara, pero le repito que no sé qué vaya a pasar después de hacerlo. De mi suegra ni decirle, a ella sólo le importa su hijo, ni sus nietos le preocupan.

—Tengo papá y mamá, viven en un pueblo en el estado de Oaxaca y no están enterados de lo que me ocurre, ni siquiera conocen a mis hijos.

Javier tiene 25 años, fuimos a su casa y nos presentamos como personal de las oficinas de Atención a Víctimas del Delito y Violencia Familiar. Javier no quería aceptar una entrevista pero se le convenció de que esto no representaría ningún riesgo o sanción para él, porque la entrevista únicamente era con el fin de recabar sus impresiones y ayudarlos en un proceso conciliatorio; así que accedió a platicar en el patio de su casa, al parecer el lugar donde se sentía seguro.

Ante la primera pregunta: Javier, supimos que ejerciste violencia física contra tu pareja. ¿Cuál fue el motivo?, Javier muestra movimientos pausados pero que denotan nerviosismo.

—No le pegué, sólo la detuve porque ella sí me quería golpear. Ese día se enojó porque no me quise parar, pero la verdad me sentía mal del estómago, quién sabe qué me hizo daño. Ella se me fue a los madrazos, yo lo único que hice fue detenerla pero sin querer la agarré de la cara y se le marcó.

¿Nunca la has agredido físicamente?

—No, claro que no, sí nos hemos gritado y también insultado pero nunca le he pegado, yo no sé por qué fue a decir esas mamadas.

¿Cuánto tiempo tienes de vivir con ella?

Javier se quedó pensativo y ya no quiso hablar más con nosotros.

La  situación de Karla no es un hecho aislado, desafortunadamente son muchas las mujeres que son maltratadas desde hace mucho tiempo. No hay ley o proceso que resuelva de tajo esta problemática. Existen muchas leyes que las protegen, pero también sigue habiendo una inmensa burocracia en la atención. Los procesos de los servicios y los servidores públicos permiten re-victimizar a quienes ya de por sí son víctimas y no tienen la fuerza ni las herramientas para defenderse, porque cuando acuden a las instituciones llegan con la autoestima por los suelos.

El caso de Karla tiene características particulares, ella emigró del interior de la república a la zona metropolitana, en buscan mejores condiciones de vida. Se enamoró de una persona que no controla sus emociones, que tiene una educación machista recalcitrante y que es un agresor en potencia.

Ella cuenta que salió de su pueblo a los 14 años en busca de la felicidad, creía que acá iba a encontrar al hombre de sus sueños, ese que se casara con ella y que la acompañara hasta el final de sus días, protegiéndola, amándola y haciéndola feliz. Sin embargo, se encontró con la tremenda desilusión de caer en las manos de un hombre que fue educado para agredir, para engañar, para embriagarse o ser infiel, en pocas palabras se topó con un cabrón macho producto de una construcción social.

Javier se negó a conversar y con ello cerró la posibilidad de canalizarlo a una institución. Javier se está protegiendo de una posible sanción jurídica, pero también deja descubierto su incapacidad para comprender la violencia y cómo puede pararla, cómo puede reeducarse. La construcción social de la violencia ejercida por Javier se articula con el consumo de alcohol, la adquisición de conductas de violencia y un asunto de poder que emana de diferentes espacios sociales donde aprendió que una de las formas más efectivas de controlar es siendo agresivo y ejerciendo violencia. No sabemos si Javier esté repitiendo patrones de conducta, no sabemos si Javier fue maltratado de niño, lo que sí sabemos es que Javier no tiene los elementos para detener la violencia que ejerce, nadie le ha enseñado a controlar sus emociones, el contexto cultural en el que se desenvuelve le sigue diciendo que ser violento es una característica normal de los hombres.

Desgraciadamente como Karla, hay mujeres que siguen pensando que el encuentro con algún hombre habrá de resolverles la vida. No es un pensamiento que haya quedado en el siglo pasado, sigue siendo el reflejo de una sociedad mediatizada, machista patriarcal, donde se reproducen contenidos, a través de diferentes medios masivos de comunicación, que replican la fantasía donde el príncipe salva a la doncella, creando así falsas expectativas de una vida idealizada.

En nuestro días ya existe una constante lucha de mujeres que saben que la violencia no es normal. Cada vez hay más movimientos que exigen el derecho a vivir una vida libre de violencia. A las mujeres se les empieza a educar de otra manera, con miras a la autonomía y a la no dependencia de los hombres.

Mujeres y hombres tenemos derechos constitucionales, éstos deberían verse reflejados en el actuar diario, no solamente en la carta magna ni en los tratados internacionales. Desafortunadamente aún estamos lejos de vivir en igualdad de condiciones, aún existen mujeres que son oprimidas y hombres que abusan de los privilegios que les heredó el patriarcado.

Finalmente se inició una carpeta de investigación en contra del agresor de Karla. Ella decidió dejarlo, se fue de regreso a su pueblo con dos niños que mantener, guiar, querer y educar. Ojalá y le vaya bien, ojalá y logre resolver sus problemas económicos, psicológicos y sentimentales, ojalá que sus dos hijos varones no reproduzcan la conducta machista en la que estuvieron inmersos.

[i] Saúl Peña Rosas es Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y publicó su primera novela El día de tu muerte.

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23 comentarios en “Karla y JavierAñade los tuyos →

  1. Te relata de lo que actualmente está sucediendo y que no solo las mujeres sufren violencia si no que también hay hombres agredidos que se mantienen en silencio como muchas mujeres, muy pocas son las (os) que alzan la voz para detener esto.
    Excelente texto Saúl.👌👌👌

  2. La mejor manera para poder empezar a solucionar este problema es la educación de los jóvenes, hay que erradicar el machismo y la agresión y debemos de enseñar a las mujeres que esas conductas nos son normales ni adecuadas, debemos de apoyarlas y protegerlas.

  3. Muy buena mi Lic desgraciadamente hay muchas mujeres como Karla y José y lo más lamentable de todo esto es como arrastran a sus hijos k cuando crecen son los mismos patrones mujeres como Karla hay muchas k siempre por miedo no denuncian

    1. Tristemente es así, pero considero que también ya hay más elementos para resarcir esta situación tan lamentable.
      Saludos señora Ale.

  4. martinezeliseo691@gmail.com

    Desafortunadamente vivimos un problema transgueneracional, que se repite una y otra vez. Jhonatan, ya está adquiriendo el mismo patrón de conducta, con el ejemplo del padre, de hecho ya le pega a su mamá.
    Felicidades Lic. Saúl Peña Rosas.
    Un abrazo

  5. Generaciones han transcurrido, y la base del machismo es por la educación materna, constantemente las madres educan a los niños para ser atendidos por una mujer, ya sea hermana ,esposa o sirvienta, ni los responsabilizan ,ni los enseñan a respetar a las mujeres, esa llaga abierta desde hace siglos, la tocaste en un momento álgido de nuestra sociedad, hay mucho más que reflexionar, tal vez no hay espacio suficiente, felicidades, por elegir tan escabroso tema, TEN SALUD 🖖

  6. Hola
    Tristemente estamos a años luz de tener un sistema de educación eficaz que genere una visión sensata en individuos que se preocupen por los valores morales más que por lo material, y aceptar que el cambio está en uno mismo cuando ya se tienen malos hábitos ni hablar!!! Se vuelve una utopía, la conducta humana es producto en general de la educación familiar y el desarrollo individual, entre más nos preocupemos por prepararnos mejores individuos generaremos, no hay garantia por supuesto pero yo estoy convencido de que es la única arma para atacar el problema y los que ya están maleados pues no queda más que seguir intentando el cambio con terapia masiva o ponerles en su madre, jajaja, esto último fue un chiste.
    Saludos

    1. Gracias Güero, afortunadamente ya hay muchas mujeres que se han dado cuenta que pueden vivir una vida libre de violencia, hay otras que continúan inmersas en esta problemática, pero con toda la información y la exigencia de sus derechos, están ganando mucho terreno.
      Respecto a los hombres aún existe mucha resistencia al cambio, sin embargo, también se empieza a generar una conciencia colectiva en éstos, aunque muchas veces no es suficiente.
      Saludos cordiales

  7. Afortunadamente ya existen diferentes instituciones que atienden a las víctimas, es un buen comienzo, pero no es suficiente.
    El problema se tiene que atacar de raíz, debemos modificar nuestra manera de educar, de pensar, de sentir y sobre todo de actuar.

  8. Wow!! Me sorprende está publicación casi me vi inmersa en ese personaje y puedo decir que la violencia de género es ejercida hacía mujeres en estado de vulnerabilidad no importando sus orígenes sociales, económicos, académicos o culturales. La mejor manera de ser erradicada, es prevenirla desde sus orígenes, definir las causales. Por ello es necesario implementar políticas públicas para seguir fomentando medidas de prevención y educación en perspectiva de género donde se promuevan las relaciones de respeto, de valores, la equidad de género, entre otros.

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