"Composición digital"

La cruda

Brandon Engrandes [i]

Mira bien ese trozo de espejo. Mira cómo esa barba dispareja sigue creciendo. Mira el rastrillo que tienes que compartir con los sidosos. Mira los moretones de la bienvenida. ¿Y por qué no te has preguntado cómo es que llegaste aquí? Sabes muy bien que te lo mereces, pinche borrachales.

A tu edad, diabético, medio ciego, medio sordo, te has vuelto más ridículo que tus pellejos colgando. Quién te viera queriendo besar a la fuerza a una mesera, quién te viera en el metro con el pantalón todo meado, quién te viera poniéndole una chinga a tu mujer, porque otra vez se te pasó la mano con el pisto, quién te viera en un anexo. Si ya de por sí eres la burla de todos tus alumnos, imagínate si te vieran en estas. Ya no serías solamente el viejito pendejo que califica el mismo artículo de Wikipedia a cuatro alumnos diferentes y apesta a alcohol a las siete de la mañana, ahora serías el borrachales al que se llevaron al anexo, y eso no se le iba a olvidar a nadie.

Mucho menos a él, al escuincle que tan mal te cayó desde el principio, ¿por qué? El día que calificaste te dijiste que era por su arrogancia y su mala disposición para seguir instrucciones, aunque el ensayo estuviera bien hecho no era lo que tú habías pedido. Bah, puras mentiras. Es idéntico a aquel estúpido de la carrera, por eso le agarraste manía desde que lo viste. Alto, desgarbado, pálido, de cara afilada, con esa tremenda pinta de vago que no cuadra con su capacidad para hacer un ensayo tan bueno como el que te entregó, vaya conclusiones, vaya aparato crítico. Sí, borracho, sólo a él le buscaste el quiebre, porque seguro era un plagio.

"Composición digital"
Composición digital con referente al cuadro de Magritte, reproducción prohibida

Y de pronto te viste en tus años de universitario, bastante tiempo, viejito, buscando cómo destruir al estúpido aquel que desbarató tu ponencia en diez minutos, que no entraba a clases y aún así sacaba diez, que iba a la alameda a pasear con Mari mientras tú te ibas a la biblioteca con el gordo Anaya (que en paz descanse), tu único amigo de la carrera. Sí, aquel muchachito te lo había recordado, por eso lo regañaste cuando se puso a platicar con la niña pelirroja, le dijiste que pusiera atención pero realmente querías decirle que te cagaba por llegar y hacerle plática a una mujer así como así, igualito al pinche vago que hoy es el columnista estrella de la revista donde soñabas publicar las pendejadas que escribes, mientras te pudres en un salario miserable, usando zapatos ridículos, tomando pastillas y poniéndole coca light al Bacardí.

Y ahora en un anexo, con los moretones de la bienvenida, con las bolsas de los ojos hasta las mejillas, oliendo mal, aunque diario te eches tus jicarazos de agua fría y jabón roma, porque la bermuda deslavada y la playera con el logo del PRI (y tú panista, cabrón, qué pinche suerte) que te pusieron de uniforme apesta a las dos semanas que llevas aquí. Y para qué alegar, tus hijos ya te lo habían advertido: una más, una estupidez más de borrachales y pal anexo. Mírate bien, nunca te olvides del perdedor que te ve desde ese trozo de espejo.

[i] Brandon Engrandes, aprendiz de escritor. Estudiante de Creación literaria en la UACM y de Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM. Autor de cuentos y poemas, agente telefónico de call center y jardinero


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