collage Llorar sin permiso

Llorar sin permiso

Manuel falleció en un terrible accidente vehicular que cobró la vida de dos personas más. Su madre y hermanas estaban desechas.

Saúl Peña Rosas [i]

Hace algunos años asistí al velorio de Manuel, el hermano menor de mi gran amigo Antonio. Manuel falleció en un terrible accidente vehicular que cobró la vida de dos personas más. Su madre y hermanas estaban desechas, envueltas en un llanto incontenible. En el lugar estaban decenas de jóvenes de entre los 14 y 16 años de edad, compañeros de clase y amigos cercanos del fallecido.

Una sensación de melancolía invadía todo el lugar, los sillones largos, fríos, forrados de un vinil negro corrugado soportaban el peso de decenas de asistentes. El féretro y los cirios estaban al centro de la segunda sala, las paredes pintadas de un tono beige tenue, daban una sensación de soledad absoluta y las cortinas enormes de color vino terminaban de hacer del sitio un lugar más fúnebre.

Un retrato grande del hermano de Antonio colocado encima del ataúd, lo mostraba sonriente, lleno de vida, con un con particular brillo en los ojos. Por las condiciones en que había quedado el cuerpo, no se abriría la caja como suele acostumbrarse, de manera que Antonio decidió ponerlo allí para que todos los asistentes se llevaran esa imagen como último recuerdo de su hermano menor.

Los rostros tristes y consternados eran característica peculiar de la gran mayoría de los asistentes. Sin embargo, contrario a eso, yo veía a mi amigo sumamente calmado, sin una lágrima en el rostro, ni señal de haber llorado. Pensé que quizá se encontraba en una especie de shock, conmocionado por su lamentable pérdida. Parecía, desde esos momentos, haber asumido la responsabilidad de cuidar a su familia. Su padre había fallecido hacía muchos años, y ahora él era el único varón de su casa.

Antonio estaba muy atento a cada detalle del servicio funerario sin descuidar a su familia, pereciera que su intención era únicamente que su mamá y hermanas, no se preocuparan por nada más, que por llorarle a su hermano. Las miraba fijamente por lapsos prolongados y de repente volteaba a ver aquel retrato. Quién sabe qué pasaba por su mente, pero parecía de hierro, apretaba la quijada y soportaba el dolor por dentro.

La noche cayó y algunos de los jóvenes empezaron a retirarse, poco a poco la sala se fue quedando semivacía. La madrugada nos alcanzó y en el lugar sólo había un aproximado de 15 personas, la familia y los amigos más cercanos.

Yo asistí solo al velorio, sabía que mi amigo me necesitaba y no quise que nadie me acompañara para no interferir en la cotidianeidad de los demás. Estaba sentado a su lado en uno de los enormes sillones, por momentos platicamos de algunas cosas del colegio, en ese entonces yo estudiaba  antropología y él economía, ambos en la misma universidad.

Nuestra charla era como si nada estuviera pasando a nuestro alrededor, pensé que quizá hablar conmigo le haría bien, un poco de distracción frente a tan triste acontecimiento podría mantener su atención en otra cosa. Pero entonces fue que noté lo mucho que estaba reprimiendo su llanto. Mi amigo era de los que siempre se hacía el fuerte, nunca mostraba un gramo de aflicción, solía ser muy duro con él mismo.

Entre los pocos asistentes que pernoctaban en el lugar, había una joven adolescente acompañada de un hombre mayor, ésta lloraba muy afligida, por momentos sollozaba bajito para después soltar el llanto en un tono alto, tanto que podía oírse al exterior del inmueble. Mi curiosidad aumentó hasta que no resistí preguntarle por aquella muchacha que se veía realmente triste. Él me dijo que se trataba de la novia de su hermano, y detalló.

— Manuel desde antes de ser novios, siendo un niño, decía que se iba a casar con ella cuando terminaran la carrera, pero ¡Ya ves! Mi hermano se nos adelantó.

Mi amigo estaba como en un trance aletargado, atrapado en sus propios pensamientos, de pronto, con voz baja dijo:

— Dichosa ella que puede llorar de esa manera. Dichosa ella que puede mostrar abiertamente sus sentimientos.

No pude evitar decirle lo que pensaba al respecto, entonces empezó una charla más intensa.

—¿Y tú por qué no lloras? ¡Trata de desahogarte!

Su posición cambió radicalmente, de estar recostado en aquel sillón frío, se echó para adelante, puso sus brazos sobre sus piernas, entrelazó sus manos con sus dedos, giró la cabeza hacía donde yo estaba, me miró con enfado, y me dijo en tono bastante serio.

— Mira Raúl, antes de que mi padre muriera, en su lecho de muerte, me hizo prometerle que sería fuerte y jamás lloraría. Le prometí que cuidaría de mi familia, hasta ahora no lo he cumplido porque la pensión que nos dejó y los negocios de mi mamá, han sido suficientes para sostenernos. Pero es hora de cumplir esa promesa, no tengo tiempo de lloriquear como niño.

Totalmente sorprendido por su respuesta le dije que llorar nos permite descargarnos emocionalmente. Trate de explicarle con detalle que el llanto es una expresión natural del cuerpo, es una reacción normal del organismo a nivel fisiológico. Pero él defendía seriamente su postura respecto a que llorar era síntoma de debilidad.

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Collage con imágenes de licencia creative commons y fotografía del archivo de Imagen99

Entonces tuve que tratar de explicarle, de manera muy resumida debido a que es un tema muy amplio, lo que hay alrededor del llanto de un hombre en una sociedad machista como la nuestra. Apenas iniciaba mi explicación cuando me interrumpió en seco.

— Por favor Raúl, no vayas a empezar con tus choros de las construcciones sociales y no sé qué tantas cosas porque nunca te entiendo.

Tratando de no entrar en polémica y debido a su evidente estado de ánimo me dispuse a dejar el tema de lado.

— No te preocupes, no tiene importancia, si no quieres llorar, ¡Respeto tu decisión!

Se levantó como de rayo y me pidió que lo acompañara afuera de la funeraria. Una vez afuera me dijo.

— Es que no se trata de una decisión sino de la convicción de no hacerlo, en parte por la promesa que le hice a mi padre, pero en general los hombres no deberían de llorar porque eso es más para las mujeres, y los niños. Un verdadero hombre tiene la obligación de aguantar todo, y más por sus seres queridos.

Sabía que ya estaba enojado, casi fuera de sí, así que me limité a asentir con la cabeza y empezar a buscar hormigas en el piso tratando de no entrar en confrontación. Pero creo que esto lo hizo enojar aún más, ya que con un tono burlón me preguntó.

— ¿Qué no eres capaz de defender tu postura? ¡Adelante! ¿Dime por qué debería de llorar según tú?

Traté a toda costa de evitar hablar al respecto, pero él estaba insistente, hubo un momento en que me sentí acorralado por tanta presión que ejercía.

— Mira Antonio, no es mi intención debatir en estos momentos contigo, si llorar es bueno o no, discúlpame si te ofendí.

— No es que me hayas ofendido, sólo te estoy pidiendo que me digas, como mi mejor amigo que eres, por qué debería de llorar y hacer el ridículo frente a todos comportándome como una magdalena. ¿Qué no me puedes decir eso?

Su insulso comentario me hizo recordar aquella ocasión en que lo dejó su novia, y a leguas se le notaban las ganas de llorar, pero se aguantó tanto, que tuvo que meterse al baño a mojarse la cara para no mostrar su evidente estado de ánimo. O aquella vez cuando fue derribado en el juego de americano y le rompieron la muñeca derecha dejándosela en forma de horqueta, se mordía los labios pero no gritó, mucho menos lloró.

Con esos antecedentes sabía que sería muy difícil explicarle lo importante del llanto en las personas, pero me aferraba a no querer hablar del tema en ese momento, así que con mucho tacto le comente.

— Amigo, no tienes que llorar si no quieres, sólo intento ayudarte, pero si no lo estoy logrando, quizá sea mejor que me vaya.

Se agarró la cabeza con ambas manos, dio algunos pasos hacia la entrada de la funeraria y me detuvo.

— No, no te vayas, perdóname por lo mal que me pongo, pero siento que voy a reventar, hay algo que me oprime el pecho y me seca la boca, no sé qué me está pasando Raúl.

Al verlo al borde del llanto, totalmente desencajado, con el ceño fruncido y los ojos rojos a punto de lagrimear, intenté darle un pequeño empujoncito para que se desahogara, y le dije.

— No te preocupes Antonio desahógate como mejor puedas ¡Pero hazlo! Tu hermano solía llorar sin impedimento alguno, aunque tú siempre le reprochabas por hacerlo. O ¿Ya no te acuerdas de aquella ocasión que lo golpeó el gordo de los videojuegos y tú le rompiste la cara al tipo? Manuel te agradeció tanto que se colgó de tu cuello queriéndote abrazar de la felicidad.

Entonces, le di al clavo porque terminando de contarle esto se sentó en la banqueta llevándose las manos al rostro y lloró por minutos, lo que en mucho tiempo no había llorado.

Me senté a su lado y atravesé mi brazo por su espalda, lo mantuve así hasta que decidió parar de llorar. Luego se incorporó se secó las lágrimas y me imploró que no le platicara nada de esto a su familia.

Lo que realmente me sigue sorprendiendo, es que este caso no es exclusivo de mi amigo, hay miles de personas, sobre todo hombres, que piensan que llorar es malo, o un acto de cobardía. Desafortunadamente nuestra herencia cultural machista impide que los hombres no podamos expresar nuestros sentimientos libremente, es decir a un hombre no se le permite llorar porque inmediatamente es etiquetado como una mujer, niño o un homosexual, es decir como si al ser compardo así se tratara de una sanción social.

Tenemos todo una herencia cultural al respecto, basta con echar un vistazo a los títulos de algunas canciones que refuerzan esta creencia. Por ejemplo, la legendaria banda de rock británica The Cure con su canción Boys don´t cry o el cantante Miguel Bosé con Los chicos no lloran y si nos vamos más para atrás encontramos al argentino King Clave con Los hombres no deben llorar. Y si a esto le sumamos todas las sanciones culturales que existen hacia los hombres que lloran, créanme que no terminaríamos en mucho tiempo de exponer todas las canciones, películas, novelas, series que no pierden su vigencia y constantemente están señalando que los hombres no deben llorar.

Lo mejor es que mi amigo sí pudo hacerlo y con esto también logró deshacerse de una carga impositiva que llevaba a cuestas sin que él lo haya pedido. Practicar el llanto entre los hombres, nos permite liberarnos de muchas cargas culturales que nos limitan a alcanzar la verdadera felicidad. En lo personal, cuando tengo oportunidad de llorar lo hago, aunque debo aceptar que no me gusta hacerlo en público ¿Por qué será?

[i]Saúl PeñaRosas, es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Escritor de diversos relatos y autor de la novela El día de tu muerte.

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10 comentarios en “Llorar sin permisoAñade los tuyos →

  1. La sociedad está construida con está cultura machista que si un hombre muestra este tipo de sentimientos lo catalogan de mujer u homosexual el cual hace difícil que un hombre se desahogue de esta manera ya sea en público o en privado. Es bueno llorar y sacar esa frustración, tristeza o cuál quier malestar que tengas ya que si reprimes eso que llevas dentro puede afectar nuestro bienestar negativamente.Por eso hay que cambiar nuestra cultura y dejar todo eso atrás y enseñarles a qué eso no es malo y que no se ve mal hacerlo en público o en privado o también dejar de esconderse para poder hacerlo.No debemos de juzgar a nadie nunca, porque no sabemos por lo que está pasando en ese momento.
    Excelente historia ✨

    1. Muchas gracias por tu comentario Patricia efectivamente es muy complicado que un hombre lloré por todo el prejuicio social que existe sin embargo es una de las formas más sanas deliberar muchas cosas.
      Te reitero mi agradecimiento por seguirme leyendo

  2. Desafortunada y tristemente así es, vivimos con una cultura donde se reprime al sexo masculino, para externar sus sentimientos como lo es con el llanto y muchas veces hasta externar sentimientos de cariño amor ternura etc. etc. hacia los hijos, los padres, amigos , hermanos etc. Porque existe ese estigma, de que soy macho y no soy débil. Que triste. Muchas felicidades.

  3. Es bueno llorar para sacar todo eso negativo que llegamos a tener por todas esa situaciones que tenemos en algún momento. Excelente relato

  4. Extraordinario relato q muestra como nuestra educación, nuestras costumbres heredadas, nos impiden mostrar nuestros verdaderos sentimientos, reprimir nuestras emociones es el peor atentado contra nosotros mismos, en lo personal me dan más confianza los hombres q lloran, me hace creer q son más honestos y también eso, señores, requiere valentía para enfrentar las críticas de quienes aún hoy en dia viven pensando q ser hombre es no mostrarse vulnerable.

    1. Gracias Susy, me da gusto que hayas leído mi relato. Siempre es grato saber que hay personas que se solodarizan con los hombres que no ocultamos nuestros sentimientos. Aunque es muy difícil hacerlo frente a alguien más. Los prejuicios sociales pesan cañón.

      ✌😁✌

  5. Es bueno llorar para liberar lo que se Trae en mente
    Ya que existe el famoso estigma de yo soy macho no lloro soy fuerte

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