Magali

Debí haber dejado que mi hija durmiera todo el tiempo que ella quisiera, porque lo que estaba por venir fue una de las experiencias más amargas y tristes de mi vida, que hasta la fecha no he podido superar.

Saúl Peña Rosas [i]

Sucedió un miércoles 14 de junio del 2017, ese día desperté a las seis de la mañana un tanto encamorrada y con deseos de seguir durmiendo por un rato más, la noche anterior me había desvelado revisando tareas, planchando uniformes. Dejando todo en orden para evitar que el ajetreo del día siguiente me tomara por sorpresa.

Me tomé diez minutos más de descanso muy, muy placenteros. Lo disfruté tanto que decidí salir de la cama con la mejor de las actitudes. Tenía que realizar mis actividades diarias, así que aproveché la energía para ducharme rápido, antes de que tocara el turno a mis pequeños hijos. Abraham de ocho años, el más inquieto, Carmen de siete, la más inteligente, y mi pequeña Romina de tan solo cinco, que se caracteriza por ser la niña más audaz y rápida de su colegio.

Ese día Carmen no tenía clases por lo que permaneció dormida en la cama sumergida en un profundo sueño, así que tocó el turno para que Abraham se bañara primero, el tiempo estaba medido y no podía demorar más de lo acordado, posteriormente ayudé a mi pequeña Romina a hacerlo porque, a pesar de que ya sabía realizarlo sola, le gustaba que yo la tallara. Una vez listos con el uniforme puesto y su mochila en orden cuidé que tomaran su desayuno, cepillaran sus dientes y no olvidaran su lonchera.

Me dispuse a llevarlos al colegio y dejé en su cama a Carmen. El recorrido a las dos escuelas, primaria y kínder, fue de lo más normal y rutinario. Caminamos por la misma acera, saludamos a las mismas personas, don Juan el portero del edificio, Sarita la de los tamales y Gerardo el chico de los periódicos, cruzamos por las mismas calles y avenidas siempre tomados de la mano y con la precaución necesaria. Pocas cosas extraordinarias ocurrían en esos días que en ocasiones parecían ser una calca del día anterior. ¡Cuánto deseo que así hubiera sido!

Sin demorarme demasiado despedí a mis hijos en la entrada de sus respectivos colegios y aceleré el paso para llegar lo más rápido a casa. Al entrar a mi vivienda fui directamente a la habitación de Carmen y la encontré todavía durmiendo, lo cual se me hizo excesivo, aunque debo de reconocer que para mí quedarse más tiempo en la cama es una de las cosas más agradables que pueda haber. Aun así decidí despertarla para que tomara su desayuno, ¡No saben cuánto me arrepiento de haberlo hecho! La desperté muy suavecito susurrándole cerca de su pequeño oído.

—Mi amor, levántate porque tienes que desayunar.

Me miró como chinita, se llevó las manos al rostro y talló sus ojitos para ver mejor. Se estiró en todo lo ancho de la cama, abrazó su almohada favorita con forma de Bob Esponja y me dijo.

—Mami, déjame dormir un ratito más.

Debí haberla dejado todo el tiempo que ella quisiera porque lo que estaba por venir fue una de las experiencias más amargas y tristes de mi vida que hasta la fecha no he logrado superar.

Salí de su habitación para ir a la cocina a preparar hotcakes con cajeta porque sabía que eran los preferidos de Carmen. No acostumbraba a darles ese desayuno diario porque consiente estoy de que el azúcar de la cajeta y los carbohidratos de los hotcakes sólo engordan sin aportar muchos nutrientes al organismo; pero ese día quise consentirla, tenía la preciosa oportunidad de convivir con mi hija de manera íntima, ya llegaría la ocasión de interactuar con mis otros hijos de la misma manera cuando les tocara el turno de no asistir a la escuela.

Llevé todo al comedor y esperé a que la leche con chocolate aún humeante se enfriara un poco. Regresé a la habitación y descobijé a mi hija de manera rápida para alentarla a que ya dejará la cama.

—¡Levántate flojita, el desayuno ya está listo!

Ella se levantó aún somnolienta y se fue directo al baño. Me dirigí a la sala para poner un poco de música que le pusiera ritmo al día, elegí everybody de los Backstreet boys solíamos bailarla y cantarla juntas. Yo le había enseñado a hacerlo moviendo las caderas de un lado a otro simulando tener un micrófono en la mano.  Subí un poco el volumen y me fui a esperar a la mesa.

Tarareaba la canción hasta que terminó lo cual se me hizo muy raro ya que mi pequeña no llegaba a la mesa. Fue entonces que un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, una madre siempre presiente cuando algo no anda bien. Corrí hacia el baño, la puerta estaba cerrada pero no tenía seguro, al abrirla me encontré con la escena más desgarradora que haya presenciado en toda mi vida, mi hija estaba tirada, inmóvil, con su cabecita en medio de un charco de sangre. Grité su nombre al mismo tiempo que la cargaba en mis brazos, la puse en el sofá y grite con todas mis fuerzas.

—Ayúdenme por favor, auxilio, por favor ayúdenme.

El primero en llegar fue mi vecino del 202, yo estaba bloqueada y no atendía a su llamado aunque él golpeaba fuertemente la puerta, solo trataba de reavivar a mi hija hablándole, masajeando su pechito. Por fin reaccioné y abrí la puerta, mi vecino llamó a los servicios de emergencia y llegaron en cinco minutos, aproximadamente, aunque a mí me pareció que tardaron horas. En esos momentos quería que llegaran volando o que aparecieran de la nada, ¡pero no!, pasaban los minutos y yo solo seguía masajeando el pechito de mi hija. Estaba desconsolada, en un shock mental, a punto del colapso.

Cuando entró el paramédico me apartaron de mi hija, yo les suplicaba que la despertaran, en ese transcurso llegó mi madre y mi hermano, me abrazaban y detenían porque yo estaba sumamente inestable.

Fue entonces que el paramédico que revisó a mi hija, dio la vuelta como en cámara lenta sólo para confirmarme lo que más temía.

—Ya no hay nada qué hacer

No supe más de mí hasta que desperté en una camilla de hospital con suero y algunos aparatos médicos sobre mi cuerpo. Pude reconocer a mi madre que rápidamente llamó a la enfermera. Inmediatamente empecé a recordar todo y quise ponerme de pie, el médico en turno entró a la pequeña habitación, puso su mano sobre mi hombro y me dijo.

—Por favor no se levante, quédese quieta, no se mueva porque se va a lastimar. ¿Sabe cómo se llama? ¿Sabe qué día es hoy?

Ignorándolo insistí en levantarme hasta que vi que ya traía una jeringa preparada lista para ser inyectada en mí, antes de hacerlo y como una advertencia me comentó.

—No es necesario que la inyecte si promete tranquilizarse

No le contesté nada, únicamente fingí relajarme y enseguida pregunté por mi hija, mi madre soltó el llanto y a mi mente volvió en un segundo todo lo que había ocurrido. Lloré desconsolada y ella quiso abrazarme pero el médico le pidió que me dejara desahogar todo lo que pudiera. No sé por cuánto tiempo estuve asi, lo que sí recuerdo es que cuando dejé de hacerlo pregunté por mis otros hijos y supe que tenía que seguir viviendo, aunque la verdad deseaba tanto morirme.

El doctor me confirmó lo que ya había recordado, la muerte de mi Carmen, pero también me hizo saber que mis otros dos hijos me esperaban y que ellos también estaban sufriendo por la muerte de su hermana y la ausencia de su madre. Yo, aunque parezca egoísta insistía en quererme morir, desaparecer, desintegrarme, solo quería dejar de existir para no sentir ese enorme dolor que me quemaba el alma, que recorría mi cuerpo desgarrando cada uno de mis órganos como cientos de diminutos alfileres que se incrustan por todos lados.

Regresé a casa y desde que vi a mis pequeños supe que no podía abandonarlos, nos abrazamos y lloramos los tres por un largo rato. Yo les prometí que no volvería a dejarlos, que siempre estaría allí para ellos.

Desde entonces ya nada es igual, Romina despierta por las noches y Abraham se volvió más retraído. El Estado nos ha brindado ayuda psicológica y honestamente creo que ha sido insuficiente, quisiera haberme hecho de un servicio particular pero mi situación económica no era la óptima. Empecé a buscar empleo porque los ahorros que tenía de la liquidación de mi último trabajo se habían acabado. Mi madre y hermano nunca dejaron de apoyarme, sin embargo no fue suficiente para cubrir los gastos de la casa.

En la búsqueda de empleo, mi hermano me sugirió probar suerte en la corporación policiaca donde él trabajaba, yo nunca me imaginé que iba a ser aceptada, sobre todo porque no tenía los estudios que solicitaban ni me sentía con la vocación necesaria para realizar esta labor. Aun así decidí probar suerte, empecé desde abajo, primero ingresé a un programa de atención a jóvenes donde me daban una ayuda económica, allí aprendí muchas cosas relacionadas a la prevención del delito y la atención ciudadana. Posteriormente me aceptaron en la policía, donde tuve la fortuna de concluir mi bachillerato y ahora estudio una carrera técnica universitaria.

No les puedo decir que ya he superado todo porque aún sigo preguntándome ¿Por qué no sequé el baño? ¿Por qué no la dejé dormidita? Pero lo que sí les puedo decir es que la vida está llena de retos a vencer. Como servidora pública y con la profesión que desempeño me he dado cuenta que no soy la única persona que cae en desgracia, diario veo o me entero de situaciones donde las personas padecen una gran pena, muchas veces me ha tocado empatizar con ellas, mi trabajo, pero sobre todo la situación que pasé, me enseñaron a no ser ajena al dolor humano.

Fotografía de cortesía.

Por cierto, no quiero hacer una mención al papá de mis hijos, pues no merece ser mencionado en este relato porque nos abandonó al día siguiente que Romina nació, pero obviamente mis hijos no son obra del Espíritu Santo.

[i] Saúl Peña Rosas, es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Escritor de diversos relatos y autor de la novela El día de tu muerte.

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36 comentarios en “MagaliAñade los tuyos →

  1. Es una bonita historia
    Es una mujer fuerte que solo quiere lo mejor para sus hijos y que daría todo porque estén bien, pero no debe culparse por lo que sucedió, porque fue un accidente, solo hizo lo mejor para pasar una mañana agradable con su niña pero nunca le pasó por la cabeza que pasaría eso.
    Eres una mujer que a pesar de eso sigues adelante por tu dos hijos y que ha logrado mucho estos años.
    Siempre llevarás en tu corazón a tu niña y sé que ella estaría orgullosa de la mujer fuerte en la que te has convertido.✨

  2. Excelente relato, triste y que nos pone a pensar, yo también tengo a mi Romina y me hizo estremecer solo de pensar que algo malo le pueda pasar.

    1. Gracias Lic. Desafortunadamente nadie está exento de padecer alguna desgracia sólo nos queda extremar precauciones.

      Saludos y bendiciones.

      🙂✌️

  3. Licenciado Saúl Peña, lo felicito profundamente por este trabajo que realiza, en verdad muy difícil, muy humano. Admirable por ese gran humanismo. Nosotros Fundación FINEV se pone a la orden para poder apoyar a esta gran tarea que realiza.
    Gracias por existir.
    Dios lo bendiga

    1. Muchas gracias Maestra, sus palabras y buenos deseos me alientan a seguir escribiendo.

      Quedo de usted ante cualquier situación.

      ✌️🙂

  4. Con conocimiento de causa puedo decir que el ser humano está hecho para soportar cualquier adversidad por dura que sea, es difícil sobreponerse de los golpes que te da la vida.
    Pero como dice el dicho, querer es poder! Y más cuanto tienes a otras personitas que dependen de uno.
    Y reitero nuevamente, cumples tu cometido como escritor.
    Felicidades!

  5. Tienes la facilidad de transportar con tus relatos, casi como si estuviéramos ahí, desgarradora historia, desafortunadamente muchas personas en la vida cotidiana pasan por sucesos parecidos a este, dónde se tienen que enfrentar a la pérdida de un ser amado, ojalá no sucediera, ojalá nadie tuviera que pasar por procesos tan difíciles. Dios le dé fuerzas a todo ser humano que esté pasando momentos difíciles de cualquier índole.
    Felicidades por esa pasión por escribir Saul, como siempre excelente!!

    1. Gracias Susi, recibo con agrado tu comentario como siempre muy halagador.

      Saludos cordiales y sigo pendiente de tu trámite.🙂✌️

  6. Gracias por tu historia, ha de ser muy terrible perder un hijo, creo que todos estamos expuestos a que nos suceda alguna situación similar.

    1. Afortunadamente no puedo decirte lo que se siente perder a un hijo y espero nunca sentirlo, pero nadie está exento.
      Gracias por seguirnos leyendo.

      Saludos Mayor

      ✌️😃

  7. Un relato que nos recuerda que no estamos exentos de nada, por lo que relatas se trata de una familia en donde a pesar de la ausencia del papá era feliz, tendrán que pasar por un largo proceso para volver a encontrar la estabilidad. Felicidades siempre me haces reflexionar

    1. Gracias hermana, la protagonista es una mujer fuerte y resiliente, se que nunca olvidará ese episodio de su vida pero creo que se sobrepone.

      Gracias por comentar

      ✌️😃

  8. Para mi, no creo que exista otro dolor tan grande como el perder a un hijo, ya que tuve la oportunidad de ver directamente el sufrimiento de muchas madres que perdieron a sus hijos y ademas tuve que ser empática con su sufrimiento.Y sí, con tus relatos nos transportas y parece que lo viviéramos. Gracias por seguir compartiendo tus relatos.

  9. Muy desgarradora, triste y mucho muy dolorosa y no se está exento de vivir una situación así con o sin precauciones este tipo de situaciones, en hijos esposo (a) o cualquier miembro de la familia es muy difícil de entender, se valora la fuerza y deseos de estar para el resto de los chicos.

    1. Bien lo mencionas Angie nadie está exento la vida se acaba en un instante por eso hay que apreciar cada día mientras podemos.

      Gracias por el favor de tu lectura

      😃✌️

  10. Licenciado Saúl estoy en show mi hija la mayor perdió a su hijo de 16 años fue tremendo estoy sintiendo el dolor de esta mujer yo recuerdo que era diciembre cuando mi nieto se fue al cielo a las 5 de la mañana me salía yo al parque de los venados me sentaba en un columpio y ahí me quedaba una persona pasó y me dice señora no tiene frío no podía responder ser resilientes es una bendición pero solamente con el tiempo se puede lograr ahorita estoy en llanto estoy recordando mi historia con esta historia de esta mujer esa familia gracias licenciado

  11. Licenciado Saúl estoy en shock mi hija mayor perdió un hijo en el año 2012 con tremendo problema de salud él tenía 16 años fue en el mes de diciembre yo recuerdo que me paraba muy temprano 5 6 de la mañana y me iba yo al parque de los venados me sentaba en un columpio y no sentía el frío pasaba la gente y me decía señora no tiene frío yo no podía contestar lo único que yo quería es morirme y leo que está Magali se hizo resiliente efectivamente mi hija y yo así nos volvimos resilientes pero fue difícil solamente con el tiempo pudimos aceptar pedir ayuda estoy sintiendo lo que esta mujer sintió cuando su hija se murió más bien partió al cielo porque entiendo que parten al cielo y no puedo decir que que muy chido el relato pero son cosas de la vida y qué son de telenovela te agradezco mucho licenciado Saúl por estos momentos que me sirven para volver a vivir esa experiencia y que no se me olvide que porque a mí no Y que me ha hecho crecer reflexionar valorar ayudar agradecer a grandar mi fe muchas gracias

    1. De verdad lamento mucho por lo que ha pasado espero qué poco a poco vaya recuperándose. Aunque se que seguramente nada volverá a ser igual siempre habrá un profundo hueco de la persona que ha partido.

      Sonia Le deseo salud y estabilidad

      😔🖐️

  12. Excelente relato.
    También es importante saber que todos traemos un tiempo de vida, esto nos ayuda con la culpa…del porqué esto o aquello….o…si hubiera hecho esto y no aquello…como madre se lo difícil que es aceptar que un hijo trascienda.

    1. Sin lugar a duda tienes razón Aurora aunque la muerte es algo que siempre será difícil de aceptar te recomiendo mi otro relato llamado pajillas lo puedes encontrar al final de los comentarios en la parte de hasta abajo.

      Saludos cordiales.

      ✌️😌

  13. Que relato más terrible, pero que desafortunadamente es una realidad que está siempre latente, afortunadamente en mi familia logramos superar temas semejantes, así como otros no, solo tenemos que estar siempre alertas, pensar siempre en la prevención, dejar de ser indiferentes a la seguridad en lo que esté a nuestro alcance, cambiar un poco nuestra cultura, no hay más, si seguimos haciendo lo mismo no avanzaremos mucho.
    Saludos

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