No todo es lo que parece

El Viejo se veía tan normal, ya de edad avanzada y de paso lento, con las canas crecidas y la ausencia de algunos dientes, pero no había ningún indicio para pensar que él era un asesino.

Saúl Peña Rosas [i]

Quizás decenas o cientos de veces pasé por aquella casa, sin sospechar que en ella habitaba el más despiadado ser que pudiera haber conocido.

A decir verdad, el Viejo se veía tan normal, ya de edad avanzada y de paso lento, con las canas crecidas y la ausencia de algunos dientes, pero no había ningún indicio para pensar que él era un asesino. Un asesino que aparte de secuestrar a sus víctimas, se las comía sin dejar rastro alguno.

A mi paso por su morada solía saludarlo porque siempre lo consideré un amigo inofensivo y muy responsable. Aunque ya era viejo se las arreglaba para levantarse y cuidar a las ovejas de Don Pablo.

Todas las personas de las rancherías vecinas lo conocían y sabían que no le quedaba mucho tiempo de vida ya que era una anciano con constantes enfermedades. Quizá por eso algunas personas, sobre todo adultos mayores, lo ayudaban y procuraban, a veces con alimentos, otras con ánimos y buenos deseos.

Era de todos sabido que Don Pablo no estaba en condiciones de atenderlo porque era una persona aún mayor y solitaria que se ayudaba de un bastón para caminar. Con mucho esfuerzo se hacía cargo de sí mismo y, a pesar de que el viejo le sirvió prácticamente toda su vida, no podía ocuparse ya de él.

En pueblos como el mío es muy difícil que asesinatos como estos pasen desapercibidos, de manera que el representante de la ley ya estaba tras su pista porque ya había muchos reportes de desapariciones.

Permanece en mi mente el día en que Doña Lucila salió corriendo de su casa, desesperada y con lágrimas en los ojos reportaba la desaparición de otra víctima. Todos nos quedamos viendo porque honestamente en ese tipo de casos nadie sabe quién puede ser el o la culpable.

Tarde o temprano cometería un error y quedaría todo al descubierto.

Pero no fue así, tuvieron que pasar algunos meses para que se descubrieran sus infames crímenes.

Me da hasta vergüenza pensar, que de manera ingenua le llegué a compartir de la comida que cocinaba mi mujer, así fuera carne que solo dos veces por semana consumiamos debido a sus alto costo, yo le daba con mucho cariño. Nunca reparé en ayudarlo, aún con los reproches de mi esposa que siempre me decía,  «esa comida es de nuestros hijos». Sin embargo, terminaba por aceptar porque ella es de un gran corazón, aunque los días que cocinaba carne, hábilmente la escondía en varios recipientes, dejando puros frijoles, arroz y algunas verdura por sí yo quería llevarle de comer al Viejo, que no aceptaba nada si no contenía aunque sea un poco de carne.

Tan iluso fui que, en casos extremos, llegué a darle del jamón serrano que tanto atesora mi padre y que es básicamente un delito tomar una sola rebanada de su refrigerador, porque, aunque no lo crean, lo tiene inventariado rebanada por rebanada. En una ocasión, al no haber nada, llegué a tomarle un poco esperando a que no se diera cuenta, aunque cuando lo llegó a descubrir, piernas me hicieron falta para salir corriendo de su casa porque me trató como a un vulgar ladronzuelo.

—No vuelvas a parar por mi casa, me gritaba mientras me arrojaba algunos terrones y bolas de estiércol de borrego que encontraba a su paso.

Tenía que dejar pasar algunos días para explicarle el motivo de mi presencia en su casa. Una vez calmado y relajado me decía que era un desperdicio darle su preciado jamón al Viejo. Mi padre era la única persona que definitivamente no tenía un buen concepto de él, probablemente ya presentía que detrás de ese noble rostro se hallaba un asesino en potencia.

Todo pudo aclararse cuando el Viejo fue sorprendido a media noche en la casa de los Perales llevándose a su décima quinta víctima en el hocico, las cazaba tan rápido que a ninguna gallina se le oía cacarear y a pesar de no tener dientes apretaba tan fuerte que no les daba tiempo de emitir ningún sonido. Don Joaquín el patriarca de la casa ya lo estaba esperando, pasó semanas haciendo guardias por las noches pacientemente hasta encontrar al responsable del robo y muerte de gallinas. No dudo en tomar su arma de doble cañón y tirarle un escopetazo al Viejo que cayó más adelante con la mirada hacia el cielo y las patas hacia arriba.

Su muerte fue instantánea y sorprendente para todos porque nadie sospechaba de él. Pero aquí en mi pueblo no se las perdonamos ni a los animales, el que roba se muere.

¡Condenado Viejo! mordió la mano que le daba de comer porque a mí me robó tres gallinas.

Fotografía de archivo Imagen99

El deseo prohibido

Tengo guardado en mi mente aquel recuerdo fatídico de cuando les fallé a mamá y a papá.

Tengo guardado en mi mente aquel recuerdo fatídico de cuando les fallé a mamá y a papá. Nunca había visto así, el rostro de mi padre, parecía como si tuviera fuego en los ojos, sus mejillas estaban tan rígidas que sus líneas de expresión parecían canales dibujados con carbón. Tenía la quijada apretada y las venas de las sienes se le saltaban como queriéndose salir, su pelo estaba despeinado y alborotado. Al lado, mi madre un poco más tranquila pero no menos molesta, me miraba fijamente con las manos en la cintura y la cabeza negando en señal de desaprobación. Todavía puedo recordar cómo fui sorprendida muy temprano por la mañana, cuando entraron abruptamente a mi recamara con sus batas de dormir y pantuflas. Hasta la fecha no puedo comprender cómo fue que se enteraron.

No fue mi intención hacerlos enfadar, siempre estuve supeditada a lo que ellos me dijeran, jamás fui capaz de contradecirlos porque sabía que sólo querían lo mejor para mí. Pero aquella ocasión no pude más, trate de evitarlo pero fue demasiado tarde, tenía muchas ganas de hacerlo, era algo que deseaba tanto y terminé por ceder al más grande deseo que a esa edad se puede tener. 

Mi madre me lo advirtió varias veces, decía: ¡Ten mucho cuidado porque ya estás grande y debes aguantarte las ganas! La verdad es que sus sabios consejos siempre me llevaron de la mano, la gran mayoría de ellos me han sido de mucha utilidad ahora que soy una mujer madura y adulta. Pero aquella ocasión no pude contenerme, fue algo que no logré controlar, apreté fuertemente a Tommy y me dejé llevar. Aún recuerdo esa sensación caliente recorrer entre mis piernas que me agradó mucho, aunque luego me dio frío.

Ahora ya no me da pena contarlo, pero créanme que por muchos años reprimí ese recuerdo por pensar que les había fallado y que había hecho algo sumamente malo. Si hubiese sabido lo que ahora sé ¡Otro gallo cantaría! Pero a esa edad simplemente se piensa diferente. Cuando me reprendieron, mi mundo se vino abajo.

Nunca pensé que a tan corta edad iba a ser la protagonista de una historia con un desenlace fatal. Ellos dos enojados diciéndome lo decepcionados que estaban de mí, y yo simplemente atónita, tratando de hacerles entender que no era tan malo. Me atrevo a pensar que la gran mayoría de las personas suelen hacerlo por primera vez en su vida sin que hayan sido reprendidas severamente como fue mi caso. Hay veces que simplemente no se puede echar reversa, y menos cuando es tanto el deseo y las ganas.

Espero que me entiendan, hay ocasiones en las que simplemente es difícil parar, el cuerpo lo pide y uno cede sin miramientos, moral o escrúpulos.

Pero en fin, me encontraba frente a las dos personas más importantes de mi vida a punto de reprenderme por semejante error.

Fui educada en una familia bajo principios morales. Tuve varios ejemplos. Mis hermanas mayores nunca les dieron una decepción así a mis padres, dicen que ellas siempre fueron bien portadas, que supieron acatar al pie de la letra sus recomendaciones y que nunca hicieron una escena como esa. Así pasaron de ser niñas a mujeres sin ninguna cosa que les pudieran reprochar.

Sin embargo conmigo todo fue diferente, yo les había fallado a pesar de múltiples recomendaciones, de tantas pláticas que mi madre tuvo conmigo referente a este tema. Ella siempre me decía: No lo hagas porque tu papá se va a decepcionar y yo me voy a enojar. Yo no comprendía porque tenía que enojarse: Ahora a mis 25 años lo entiendo, pero cuando ocurrió el suceso simplemente no sabía por qué.

Ese día vi sus caras de incredulidad de enfado y me espanté, por un momento pensé que cualquiera de los dos se me iría a los golpes, estaba realmente desconcertada. Lo único que se me ocurrió fue abrazar a Tommy y llorar, pero eso no los conmovió en lo más mínimo, aunque en ese momento noté que mi madre tuvo la intención de abrazarme, pero mi padre la tomó del brazo y no lo permitió diciendo: déjala que llore, vergüenza le debería de dar.

No creía cómo podía desprenderse tanto enojo de la persona que siempre dijo amarme. Por mi mente no cabía el hecho de que mi padre sólo se resignara ¡Y ya! Lo único que deseaba en ese momento era que me abrazaran y que me dijeran nuevamente: no pasa nada, todo va estar bien.

¡Pero no! Sabía que ellos deseaban con todas sus ganas que no sucediera. A decir verdad, sí lo intenté. Segundos antes de hacerlo, recordé que mi madre me había dicho que si lograba superar esa situación, mi padre y ella estarían orgullosas de mí. Entonces, aquella noche fue mi primera vez, simplemente no pude más, apreté fuerte a mi oso Tommy y me oriné en la cama, era la primera noche que pasaba sin el pañal entrenador.

Fotografía de archivo Imagen99

Mis padres habían dedicado días enteros para enseñarme a ir al baño, pero simplemente no me pude contener. La situación económica no era buena y una de las maneras de ahorrar era que yo dejara de usar pañales desechables. Les preocupaba muchísimo que a mis cuatro años aún no supiera ir al baño sola. Pero ¡sólo tenía cuatro años! ¡Por Dios! Ahora sé que no era nada grave.


[i] Saúl Peña Rosas es Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, autor de varios relatos y de la novela El día de tu muerte.

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23 comentarios en “No todo es lo que pareceAñade los tuyos →

  1. Excelentes relatos.
    En el primer relato haces que uno piense que se trata de un asesino en serie, que mata personas y así, pero al final resulta que es alguien que se roba las gallinas. 😂
    En el segundo relato pensé que sus papás la habían cachado en la movida y que estaba relatando su primera vez, pero después todo eso cambio cuando dijo que se avía echo pipí en la cama. 😅

  2. Mi mente cochambrosa, inmediatamente acudió a lo más obvio, entendí que practicas, con tu uso de la narrativa, en esa forma; algo que me recuerda a Carlos Fuentes, en su novela Aura, tal vez ya la leíste, te la recomiendo gracias TEN SALUD 🖖

    1. Que halago Julio, claro que conozco la obra del maestro Fuentes, y aunque lejos estoy de semejante monstruo de la literatura Mexicana, me alienta a seguir escribiendo.

      Saludos cordiales

  3. Muy buenos relatos, lograste que echara a volar la imaginación, aunque en ambos el final fue impredecible, posiblemente esa fue tu intención.

  4. Muy buenos lic de verdad en el segundo relato mi mente estuvo como la del padre k escucha a la chavala en la hora pico jajajaja de verdad me gusto mucho lic felicidades por sus relatos un fuerte abrazo

  5. Me parecieron excelente relatos, como siempre me dejas en suspenso y uno piensa de verdad en un asesino y logras hasta imaginarlo. El segundo, con una imaginación que dista mucho de lo que es. Felicidades, sigue compartiendo.

  6. Me parece muy interesante como es que palabras clave o acciones, te hacen pensar una cosa, el hecho de jugar con la mente y los pensamientos es algo que me vuela la cabeza

  7. Que buenos!!!, En verdad creí lo del viejo asesino todavía me lo estoy imaginando jeje, o que ya le había dado gusto a la entrepierna alguna chica, por no poner atención al título, muy buenos!!!
    Saludos

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