"Aula digital"

Pandemia, educación y brechas

Héctor Unzueta
Los elogios al uso de la tecnología aplicada a la educación no caben en países con rezagos tecnológicos, monopolios empresariales, corrupción y desigualdad social como el nuestro.

Héctor Unzueta[1]

Los elogios al uso de la tecnología aplicada a la educación no caben en países con rezagos tecnológicos, monopolios empresariales, corrupción y desigualdad social como el nuestro.

Aula digital en educación presencial

El alto costo que en México representa contar con internet y acceso a los servicios de televisión de paga no hace más que afianzar la brecha digital, siendo los estudiantes, e incluso los profesores, los más afectados por dicho fenómeno.[2] 

Ensayemos en un ejercicio de aritmética básica para ver de qué manera la economía de la clase trabajadora se refleja en la brecha digital. Un paquete esencial de servicio en telecomunicaciones, como el que ofrece la empresa Totalplay, tiene un costo de $659.00.

Si el salario mínimo es de $123.22 pesos por jornada diaria para profesiones, oficios y trabajos especiales, entonces la clase trabajadora mexicana percibe semanalmente $862.54; quincenalmente, $1,848.30 y mensualmente $3,696.60.  

El pago del paquete esencial de Totalplay es mensual, es decir, representa casi la sexta parte del sueldo mensual de un trabajador. El sueldo restante, poco más de $3,037.00 pesos, se destina a la supervivencia alimentaria y a contribuciones como el pago de servicios: agua, predial y luz.

No indaguemos más sobre lo que padece la clase trabajadora para solventar gastos en vestido y calzado. Con la pandemia los gastos en útiles y uniformes escolares, de momento, relativamente se suspendieron.

Sin embargo, con la pandemia queda claro cuál es la prioridad a la que padres de familia, tutores y maestros se someten: invertir en tecnología y conectividad. Los útiles escolares están siendo reemplazados por los dispositivos móviles que se convierten en el material didáctico y llave de acceso a la información que circula por la Sociedad Red.

Fotografía: Verónica Almanza

La educación en línea orienta sin duda a nuevos aprendizajes y habilidades que tenemos que desarrollar pero también orienta a pensar sobre estrategias de ahorro, la ampliación de la jornada laboral o la obtención de recursos económicos por otros medios, en donde la legalidad es a veces lo que menos importa: la venta de productos en el mercado negro, desde medicamentos, ropa, accesorios, hasta dispositivos electrónicos.

En tal sentido, no es casualidad que en el robo con violencia en el transporte público, los delincuentes arrebaten a los pasajeros celulares, minicomputadoras, relojes y joyas que serán obtenidos por las personas a precios “accesibles” en el mercado negro. 

La realidad es que estudiantes y docentes viven el drama de la brecha digital. En las zonas rurales el fenómeno de la brecha digital se agudiza dado que los bajos recursos económicos de la población campesina hace prácticamente imposible comprar dispositivos móviles y computadoras para cada hijo que estudia.

Fotografía: Eduardo Rodríguez

Sumado a ello, el equipamiento en cuanto a tecnología y acceso a la conectividad en las escuelas rurales es aún precario. La maestra Rebeca Peñaloza Acosta del Centro Educativo Básico para Adultos (CEBA) en Xalapa, Veracruz, señala que “cuenta con una computadora, pero una nada más, y nosotros dependemos de que alguien de la institución haga la conexión para poderle dar clases a las niñas”.[3]

En los contextos urbanos, se encuentran los estudiantes cuyos padres han decidido migrar de la escuela privada a la escuela pública. Los padres no encuentran que la educación en línea compense la inversión que hacen en la educación de sus hijos porque han dejado de recibir los servicios que brindaban en el área deportiva, musical y de uso de las instalaciones.

Algunos padres piensan que “la calidad educativa se ha deteriorado con las clases remotas, puesto que no hay oportunidad de una retroalimentación con los profesores una vez terminada la sesión”.[4]

Con la pandemia muchas personas quedaron desempleadas y las instituciones educativas privadas se niegan a hacer descuentos significativos en pago de colegiaturas, lo cual ha llevado a muchos padres a inscribir a sus hijos en la escuela pública.

Lo cierto es que la crisis sanitaria puede terminar hasta fecha incierta, pero es una oportunidad para que la educación pública, mejore sus servicios educativos; replanteando sus estrategias de cobertura de enseñanza, trabajando en conjunto con el gobierno y las empresas de telecomunicaciones para que estas reduzcan sus costos de acceso a la conectividad y se cierre la brecha digital entre los mexicanos, en aras de asegurar un derecho fundamental de todo ser humano: el derecho a la educación.


[1] Profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

[2] Entendemos la brecha digital como la diferencia que existe entre individuos y sociedades sobre el acceso a los recursos tecnológicos de cómputo, telecomunicaciones e Internet. Al respecto puede revisarse la obra Rodríguez Gallardo, Adolfo (2006). La brecha digital y sus determinantes. UNAM: Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas, p. 21.

[3] Miramontes Sofía. “La pandemia ha puesto una lupa sobre las carencias del sistema educativo mexicano” en Gatopardo. Disponible en: Gatopardo.com. Fecha de consulta: 11 de agosto de 2020.

[4] Ordaz Díaz, Arturo. “Escuelas privadas en crisis: padres piden descuentos y cuestionan la calidad educativa” en Forbes México, 7 de agosto de 2020.

Bibliografía

Miramontes S. “La pandemia ha puesto una lupa sobre las carencias del sistema educativo mexicano” en Gatopardo. Disponible en: Gatopardo.com. Fecha de consulta: 11 de agosto de 2020.

Ordaz, A. “Escuelas privadas en crisis: padres piden descuentos y cuestionan la calidad educativa” en Forbes México, 7 de agosto de 2020.

Rodríguez, A (2006). La brecha digital y sus determinantes. UNAM: Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas.

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