Rocío, el amor de mi vida

Rocío luce mucho más joven que la mayoría de nosotros .

Saúl Peña Rosas [i]

El festejo de mi compañera Rocío apenas empezaba. La semana previa a su cumpleaños en la oficina sólo se habló de cómo y dónde íbamos a festejar sus cuarenta primaveras. Aunque ella luce mucho más joven que la mayoría de nosotros que no hemos alcanzado aún la cuarta década. Yo pienso que se debe a su impecable manera de cuidarse en todos los aspectos. Su figura se parece a la Diana Cazadora y su cutis es como el de una mujer de veinte años, terso y radiante. De verdad no exagero, es tremendamente hermosa y lo mejor de todo, es soltera.

Afortunadamente ese día caería en viernes de quincena y no habría excusa para que alguien se echara para atrás. Y es que bajo los pretextos de  «no tengo dinero» y «mañana hay que trabajar» nunca se organiza nada, así que ya nos debíamos un convivio de esa magnitud.

Lo habíamos planeado desde hace un mes después de haber celebrado mi cumpleaños número 35 en la oficina, con un pastel muy modesto, café y serpentinas. En esa ocasión nos preguntamos ¿quién sería el próximo festejado? Todos estuvimos de acuerdo en que sería Chio la siguiente. Ya tenía mucho que no salíamos a celebrar a algún bar o restaurante debido a que los cumpleaños anteriores fueron entre semana o sencillamente no teníamos esa alegría que traen los días de quincena.

La licenciada Adriana fue la que se encargó de organizar todo y hacer de nuestro conocimiento los lugares más adecuados para el festejo. Nos había pasado una lista de cuatro sitios donde podíamos elegir desde el menú, la bebida, la música y hasta el estacionamiento. Ella siempre se ha caracterizado por tener la habilidad para planear bien todas nuestras reuniones.

La gran mayoría optó por ir al Joselos Bar ya que la comida es sabrosa, las bebidas cerradas, la música es en vivo y de buena calidad, lo mejor de todo es que Jocelos es sumamente amable con el bolsillo, de manera, que muchos votamos por esa opción.

Llegó el tan esperado viernes y ya desde las cuatro de la tarde estábamos ansiosos de que dieran las seis, esas dos horas fueron eternas, mis compañeros y yo nos buscábamos con la mirada constantemente en señal de complicidad. El reloj que cuelga del muro de la oficina del director, se movía muy lento, tan lento que era como si el tiempo nos estuviera jugando una broma pesada.

Como en otras ocasiones mejor decidí avanzar en algunas cosas del trabajo, es una excelente técnica si quieres que el tiempo pase rápido, ya que cuando deseas terminar algo no hay tiempo que alcance.

Por fin dieron las seis y como si estuviéramos en la línea de salida de una pista de atletismo, nos disparamos hacia el estacionamiento del sótano. Casi todos tenemos automóvil, excepto algunos que bien pudieron acomodarse entre tanto carro semivacío.

A mí me tocó llevar a la contadora Daniela y al ingeniero Osvaldo, no pude encontrar mejor compañía ya que los conozco desde hace muchos años, sé que son personas de confianza y muy discretas. Eso les dio la pauta para que empezaran un cuestionamiento un poco subido de tono, fue un interrogatorio que duró todo el trayecto al Joselos. Creo que todos en la oficina ya habían notado mi evidente interés por Chio, incluso, en muchas ocasiones los compañeros me sorprendieron suspirando por ella.

Así que de inmediato atacaron, la primera fue Daniela

一¿Qué, ahora sí te le vas a declarar?

Yo hice como que no escuché y seguí conduciendo así como si nada, pero ella insistió.

一¡Ah! ¿osea que ahora te falla el oído?

No sabía que decir, me tenía acorralado así que no me quedó de otra más que salirme por la tangente.

一¿Perdón me hablas a mí? Pensé que hablabas con el ingeniero.

Alcancé a ver por el retrovisor como Osvaldo me miraba con ojos de incredulidad y de «no te hagas el ingenuo».

Hice una pausa y dirigí mi mirada hacia el exterior, simulando interés por el anuncio de una promoción de bebidas hielos y refrescos.

一De verdad, pensé que le preguntabas a Osvaldo, pero dime ¿a qué te refieres?

Daniela se lanzó con ciertos argumentos como si ya los tuviera bien ensayados, su embestida fue directa, sin piedad ni consideración.

一Es evidente que te mueres por Chio, media oficina sabe que desde que llegó no has podido quitarle la vista, ¡babeas por ella Pablo!

Me puse rojo como jitomate, por un momento pensé que nadie había notado mi interés por Chio, pero dada la plática era evidente que ya medio mundo lo sabía. Así que empecé con pretextos.

一Bueno, sí, es verdad que me gusta mucho pero de ahí a que quiera algo con ella, hay un mundo de distancia.

Osvaldo intervino de una manera decente pero igual de contundente

一Con el respeto que me mereces amigo, creo que te falta valor para decirle lo que piensas, total si te dice que no, tendrás la certeza de que no quiso y ya, pero si nunca le dices lo que sientes, vivirás en la incertidumbre, y algún día te preguntarás: “qué hubiese pasado si le hubiera declarado mi amor”.

Eso no lo esperaba. Sin embargo, le estaban dando al clavo, así que intenté defenderme.

一Bueno, lo que pasa es que ella es muy altiva, ustedes no saben pero van varias veces que he intentado acercarme y siempre busca un pretexto para evadirme, entonces al buen entendedor pocas palabras.

Osvaldo volvió a poner esa cara de chino y me dijo con cierta ironía.

一¡Por favor Pablo! Todos sabemos que no te has atrevido a decirle lo que sientes, tanto es así que estoy seguro, que hasta ella misma lo sabe o por lo menos se lo imagina, sin embargo no esperes que se arroje a tus brazos así de la nada o que tome la iniciativa.

Me quedé perplejo de saber que Chio ya conocía mis intenciones porque a decir verdad nunca me había atrevido ni siquiera a mirarla a los ojos por más de tres segundos, las veces que he platicado con ella, siempre fijo la mirada en los documentos que traigo en las manos, o en la computadora, o en lo que esté más cerca, el punto es evadirla. Me gusta tanto que no soporto tenerla tan cerca, así que siempre invento algo para que nuestra plática no dure más de medio minuto a menos que sea absolutamente necesario.

Daniela, quién se había mantenido a la expectativa cerró con broche de oro.

一Tú dirás lo que quieras pero sería un enorme error el no averiguar si eres correspondido solo por tu falta de valor, además se ve que no le eres indiferente.

¡Woow!, eso sí me sorprendió, es decir me agarró en curva, bajo qué argumentos estaba diciendo eso. La realidad es que no tuve oportunidad de preguntarle porque Osvaldo intervino.

一Mira Pablo, te voy a decir un par de cosas que quizá una te agrade y la otra te moleste, pero bajo estás circunstancias es necesario que lo sepas.

Nunca había sentido tanta curiosidad en mi vida que la pausa que hizo me pareció más larga que esas dos horas de espera en la oficina.

一La primera es que yo también he sorprendido a Chio mirándote, alguna ocasión hasta se sonrojó y me guiñó el ojo en señal de que no dijera nada. Hasta ahorita lo había cumplido pero viendo como dejas pasar las oportunidades tienes que saberlo. La segunda es que ya tienes apodo en la oficina.

Sentí una gran felicidad, ¿De verdad me mira? La alegría me duró poco al recordar ¡Apoooodo! ¿Quién sería el c4brón? Traté de que no se notara mi malestar y obviamente pregunté.

一¿Ah sí, y cómo según tú me apodan?

Osvaldo sin dudarlo y de manera tajante me respondió.

一Bien amigo, conste que yo no tuve nada que ver con esto, pero hasta cierto aspecto creo que lo tienes bien merecido.

Estaba realmente molesto, no podía creer que se atrevieran a ponerme apodo, pero la intriga me mataba.

一Ok, está bien, ya suéltalo ¿Cómo me dicen?

一Amigo lamento decirte que como apodo llevas el de: «Oso de Peluche».

¿El Oso de Peluche? Pero que clase de apodo es ese, ni me queda, no soy obeso ni pachoncito, es más me cagan los osos de peluche así que sin más remedio tuve que preguntar

一¿Por qué?

Osvaldo me miró fijamente y me dijo

一¡Porque no haces nada!

Seguido de esto soltó una carcajada que hasta las lágrimas se le salieron, simplemente no podía controlarse, reía tanto que se llevaba los brazos al estómago. Yo me quedé con más dudas que antes. De manera, que espere a que dejara de azotarse de la risa y le cuestioné.

一¿Cómo que no hago nada? Por si no lo sabes este es mi tercer mes consecutivo como empleado del mes, soy de los que llega antes que todos y se va después. Mi trabajo habla por mí, no pueden decir que ¡No hago nada!

Osvaldo regresó a la mirada de chino y me dijo en un tono molesto.

一¿De verdad eres o te haces el ingenuo? Obviamente te dicen así porque no haces nada ¡pero con Rocío!

No supe qué contestar, bajo esa explicación estaba totalmente desarmado, indefenso, así que mejor permanecí callado.

Llegamos al Joselos y la gran mayoría de mis compañeros ya se encontraban adentro, acomodados en las tres mesas que los meseros habían juntado. Pareciera como si nos estuvieran esperando porque los únicos tres lugares disponibles eran los de nosotros. En seguida se levantó Adriana y me dirigió exactamente al lado de la festejada. Supuse que todos estaban conspirando contra mi.

No quise mostrar mi nerviosismo así que contra cualquier pronóstico me dirigí a Chio y la abracé deseándole un feliz cumpleaños, no lo hubiera hecho porque se escuchó al unísono un ahhhhhhh, de esos como de suspiro de enamorados.

Hice como si nada hubiese pasado y permití que iniciara una de tantas conversaciones amenas que solemos tener cada que hay una reunión de ese tipo.

Comimos muy rico, entre risas, brindis y uno que otro chiste se nos fue la tarde, llegó la hora del baile y cada quien estaba agarrando su pareja. En un pestañeo vi que Miguel de recursos humanos ya se había adelantado a sacar a bailar a Chio lo cual ocasionó que Osvaldo y Daniela me mirarán como a un total estúpido.

Tuve que esperar a que dejarán de tocar ese horroroso y eterno popurri de cumbias para qu tener la oportunidad de sacar a bailar a Chio. Por fin llegó mi turno, ahora sabía que ella también me miraba y no podía esperar a decirle lo que sentía, por lo menos le haría saber lo mucho que me gustaba. Empezó la música y Adrián de ventas ya estaba del otro lado junto a ella, me habían ganado nuevamente y eso que ellos estaban en la esquina de la mesa. Pero ¿Cómo era esto posible? Empezaba a creer eso del oso de peluche.

A la siguiente oportunidad me dije que no haría honor a ese horrible apodo, así que antes de empezará la música le pedí si me permitía bailar con ella la siguiente pieza, cuál fue mi sorpresa que el grupo tocó la de I started a joke de los Bee Gees una canción sumamente lenta que se baila como vals. Pensé que me diría que no, pero fue un sí amable, así que tuve la oportunidad de sentirla entre mis brazos a un ritmo muy lento. No pude esperar y a la mitad de la canción le dije lo que sentía. No les puedo decir que enseguida cayó rendida a mis pies porque sería una mentira, pero a partir de aquella noche nos fuimos conociendo más y más.

Composición digital. Fotografía, archivo de Imagen99.

Una vez terminada la velada llevé a Osvaldo y a Daniela a sus respectivas casas, en el camino no dejaban de celebrar mi hazaña como si México hubiera ganado el mundial de fútbol, yo les agradecí enormemente que me dijeran que ella también me miraba, que de alguna forma se había fijado en mí, eso me dio mucha confianza para abordarla.

La sorpresa se dio cuando Osvaldo me confesó que jamás había sorprendido a Chio mirándome y mucho menos era verdad eso del guiño de ojo. Según él, fue solo un empujoncito que quiso darme para que me atreviera a decirle  a Chio lo que siento. Daniela no quiso quedarse atrás y también confesó que realmente nunca había visto a Chio interesarse en mí. En ese momento no supe si amarlos u odiarlos; sin embargo, en mi vida presente, no me canso de agradecerles.

En ciertos momentos de la vida necesitamos un empujoncito, un pequeño impulso que nos dé la energía o la confianza para atrevernos, para hacer realidad nuestros sueños o simplemente cambiar de dirección. Ahora les puedo decir que estoy con Rocío, el amor de mi vida.

[i] Saúl Peña Rosas es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Escritor de diversos relatos y autor de la novela El día de tu muerte.

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33 comentarios en “Rocío, el amor de mi vidaAñade los tuyos →

  1. Inesperados los comentarios de los amigos (Oscaldo y Daniela) respecto a que le mintieron para darle el empujoncito. Sin embargo, alegre el final sobre la pareja!
    Buen relato!!!

  2. Excelente relato ✨
    Que bueno que Pablo se animó a decirle lo que sentía a rocío y gracias a sus compañeros por decirle mentiras de que según ella también sentía algo por él, pero gracias a eso se dio la oportunidad de que se diera algo muy bueno y pues ahora es el amor de su vida.
    A veces por no querer decir lo que sientes o no arriesgarte puedes perder muchas oportunidades que cómo pueden ser buenas, también pueden ser malas, pero lo mejor de todo es que con eso adquieres experiencias.✨

  3. Grace
    Lindo relató. Que refiere una historia real en la vida de cada ser humano. Una vez más denota, que existen personas hermosas que impulsan a brillar, aún sujeto a ser feliz.💙

    1. Así es Grace, muchas veces nos toca impulsar a alguien a que tome esa decisión y en ocasiones también nos toca que nos impulsen.

      ✌️😁

  4. No dejes de escribir mi querido amigo, tú prosa es elocuente y retrata la cotidianidad e una manera muy especial.
    Sigue compartiendo

  5. Buen relato, ne gusto, pienso que a la gente nos gustan los finales felices, caray ha de ser difícil para tomar ese tipo de decisiones y escuchar un NO, mucho más y como siempre nos adentras a tu relato.

  6. Gracias por el relato, me pareció muy bonito. A veces nos olvidamos de esos pequeños detalles de amistad y de amor. Estamos tan presionados con la entrega del trabajo que lo dejamos pasar de largo.

  7. Hola cómo siempre, tu relato va intrigando para saber en qué termina, como cuando escucho en el transporte público, alguna plática, y que se queda trunca y jamás supe en qué termino.
    En este caso habría varias opciones de que terminara el relato. Y queremos que sea el más feliz.

  8. Mira como has dibujado muy bien el como actúa la autoestima. Cuando la autoestima es baja, creamos una cadena, la cuál nos sujeta y nos priva de aventurarnos a lograr muchas metas.
    Bueno sería tener la espontaneidad y creatividad del niño, sin límites. Cuántas cosas lograriamos los adultos sin esas represiones, que generalmente son creadas por los adultos, y lo peor es que normalmente son los padres.
    Excelente exposición, me quedo con el interés de leerte en alguna novela completa. Un abrazo.

  9. Esa historia de amor me hizo recordar mis años de trabajo en oficinas con muchos compañeros compañeras y efectivamente tenía yo un enamorado secreto que no sé animaba a decírmelo Y qué creen que yo lo hice pero ese relato que que que hoy Leí licenciado Saúl es extraordinario porque recordar es vivir muchas gracias

  10. A veces el miedo nos paraliza, no, nos decidimos, y procastinamos, y procastinamos, leí que dentro de 20 años, te arrepentirás más de lo que no hiciste, que de lo que hiciste.
    Excelente relato, que bueno, que unos buenos amigos nos dan el empujón para decidirnos.
    Muy bien Saul, sigue adelante, eres un muy buen escritor. Felicidades

  11. Me gustó cómo el empujoncito y el reto a demostrar lo contrario de su apodo lo ayudaron a declararse a Roció. Su emoción y intriga pará relatar la historia hacé que esté en suspenso.
    Muy bien.
    Saludos

  12. Examples of Aphorism in Literature
    Another aphorism that’s adapted is, Don’t count your chickens before they hatch.
    Check it out.
    Like George Washington, Sandys believed that telling the truth is always the way to go.
    The complete quote was, A Jack of all trades and master of none, but oftentimes better than a master of one.
    But these days.
    It’s time.
    How many times have you heard one of the following aphorism examples.
    Both sayings highlight the benefits of waking up early.
    It’s better safe than sorry, right.
    See for yourself.
    Like George Washington, Sandys believed that telling the truth is always the way to go.
    He’s earned that title because he’s authored dozens of aphorisms.
    (I say these words to make me glad),
    Give it a try!
    Don’t judge a book by its cover.

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