"Niños en la Ciudad de México"

Rufino

Los Guzmán admiran a Rufino porque juega bien al fútbol y porque es el único que ha tenido novia. Rufino es un poco más grande que Juan, casi tiene catorce, Juan tiene trece recién cumplidos.

Pável Pantoja Arredondo [i]

Durante varios días ha llovido en la ciudad. A pesar de eso, el calor del mediodía no disminuye, al contrario, parece que la humedad lo intensifica. Rufino está vendiendo chicles sobre Reforma, cerca de Mixcoac. Se le antoja un helado, se limpia el sudor con el antebrazo. Juan y Mario se acercan corriendo, “encontramos una alberca abandonada”, le dicen. Rufino no puede ir a ningún lado hasta que termine todos los chicles. Con tal de que se una a la expedición, los hermanos Guzmán le ayudan, se reparten los chicles y cada quien se va a una esquina. En menos de dos horas venden todo.

Los Guzmán admiran a Rufino porque juega bien al fútbol y porque es el único que ha tenido novia. Rufino es un poco más grande que Juan, casi tiene catorce, Juan tiene trece recién cumplidos. Mario es el más chico, tiene diez. Llegan al lugar, Rufino observa: es una excavación abandonada como de 100 metros cuadrados, de las que se hacen para construir los cimientos de un edificio grande, hay mucho escombro en la parte derecha, todo el predio es de tierra, algunas hierbas han brotado aquí y allá. Les dice, “eso no es una alberca, es un hoyo con agua”, “Pero qué hoyote”, grita Mario. Rufino se quita la playera, el pantalón y pone los calcetines dentro de los zapatos. Los hermanos lo imitan. Los tres se quedan en calzones sobre la orilla esperando que alguien se atreva. Una ráfaga de viento los estremece, y el cielo amenazante de lluvia se vuelve plateado.

"Niños en la Ciudad de México"
Fotografía: Verónica Almanza

“Es como nadar en chocolate” dice Rufino dentro del agua color café. Los hermanos lo miran, pero no se meten. La temperatura desciende. Rufino se recarga en la borde con sus brazos, cerca de los pies de los dos cobardes, los mira hacia arriba y les dice, “cuánto van a que puedo cruzar de orilla a orilla”, lo dice con una sonrisa burlona y un tono de confianza. Sin esperar su respuesta, nada para cruzar. Al parecer no calculó bien, su resistencia no es tan buena como pensaba, a la mitad pierde las fuerzas e intenta ver si puede tocar el fondo, pero es imposible, debe ser una perforación muy grande. Siente con claridad que alguien jala su pie derecho hacia abajo, por un momento cree que son los hermanos, pero no puede ver nada. Se sumerge y traga agua. “Me voy a ahogar”, piensa. Saca todo el coraje que da la supervivencia y avanza. Llega al otro lado, exhausto. Le cuesta trabajo salir a la tierra. Trata de recuperarse rápido para presumirles que lo ha logrado.

Mira a los hermanos con aire olímpico y se da cuenta que Mario está nadando. Rufino le quiere gritar que se regrese, pero ya llegó muy lejos. Mario nada lento, se ve que le cuesta trabajo. “Tal vez también sintió el jalón de patas”, piensa Rufino mirando que se ha detenido casi en el mismo sitio. “Métete por mi hermano”, grita Juan desde la otra orilla. Rufino mira el agua sucia. Con mucho esfuerzo llegó él, ya no quiere regresar, ya no puede. “Métete rápido, ayúdalo”, grita el hermano, Rufino le dice “no, ya no puedo”, desesperado, con ganas de llorar. El hermano le insiste,  “Tú sí puedes, si ya lo hiciste”. Rufino intenta moverse, su cuerpo no responde. “No puedo, me voy a ahogar”, “Pues ahógate con mi hermano”. Rufino se queda viendo el agua hasta que Mario ya no sale.

Rufino sale del terreno, en calzones, al primer señor que ve le cuenta lo que pasó. El señor va por la policía, varios minutos después llegan dos ambulancias y otras patrullas. Rufino se queda viendo el agua, esperando que Mario salga de repente, también lo busca en las orillas, por si salió y no lo vieron. El lugar se llena de gente, el cielo está más oscuro. Llega la mamá de Juan y Mario, habla con su hijo y señalan a Rufino dos veces. La noche cubre el cielo y comienza a llover. El agua de la excavación se ha oscurecido. Las luces rojas y azules se reflejan en la superficie.

La señora se dirige hacia Rufino. Cada paso que da, siente que es sobre su cuerpo. Rufino mira caer las gotas sobre el agua, le dan ganas de detenerlas, para que ya no sigan llenando el hoyo. Cada gota pesa más. Rufino piensa, que si sigue cayendo lluvia será mas difícil sacarlo. Las gotas caen haciendo el bloque de agua más denso. Necesita detener la lluvia, pero no sabe cómo. La señora se acerca cada vez más. El agua hace que todo lo demás se oscurezca, los escombros, la gente que mira; se traga la luz de las patrullas, la luz de las lámparas. Un viento cruza de lado a lado, haciendo que la lluvia caiga más vertical, como si llovieran cuchillos. Rufino está empapado y el agua no deja de caer, su cabello escurre. ¿Por qué no se dan cuenta que si no frenan la lluvia el agua inundara el mundo entero? El agua donde nadó, se ha vuelto negra incapaz de reflejar nada, impenetrable, sólida como la tierra, como un abismo.

 “Qué fue lo que pasó”, pregunta la señora. Rufino la mira, siente el agua escurrir sobre su piel, siente que la lluvia emana de su cuerpo, él está lloviendo. Las gotas caen con odio sobre la tierra. Rufino le explica todo, desde que estaba vendiendo chicles hasta que llegó la policía. La mamá no hace ningún gesto interpretable, no se podría saber si siente enojo, está decepcionada, triste o si ha dejado de pensar para siempre. Rufino la mira hacia arriba, siente las gotas como clavos que son martillados en su rostro. “Vete a tu casa”. Rufino se queda quieto, baja la cabeza y antes de irse, pregunta, “¿cuándo va a pasar la policía por mí?”

[i] Pável Pantoja Arredondo es egresado de la licenciatura de creación literaria por la UACM y de psicología por la UNAM. Actualmente trabaja como maestro en la enseñanza del chino mandarín.

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27 comentarios en “RufinoAñade los tuyos →

  1. Me parece que es una lectura bastante interesante, su lenguaje es muy fácil de entender y tiene un clímax excelente, bastante recomendable me encantó. Muchas Felicidades Pavel saludos.

  2. Excelente narración de una travesura que termina mal. Te pone en el lugar queriendo ayudar y a la vez cerrar los ojos como para que sea solo un sueño. Muy mexicana.
    Muy buena Pável

  3. Julio Sarabia ya me había puesto al tanto de la calidad literaria del joven escritor, Pavel Pantoja. Me gustó el cuento. Se inserta dentro de la tradición cuentística mexicana. Me recuerda a Revueltas. Felicidades.

  4. Disfruté mucho la lectura de este cuento, ideal para acompañar la tristeza de estos tiempos.
    Esos pozos de las construcciones son impresionantes.
    Gracias por compartir.

  5. Me enganché con la historia desde el principio. Nuevamente parecía que yo misma lo estaba viviendo.
    Solamente que ¡Me quedé con ganas de seguir leyendoo! 😂
    Me encanta la forma en que describes todo. ¡Felicidades Pav!

  6. Me parece un gran cuento, realmente me transportó en tiempo y espacio, me involucré en la historia de tal manera que me dejó pensando en las posibles situaciones posteriores y que giran en torno a nuestra ciudad. ¡Muy bueno!

  7. Me agradó, es un cuento que me recuerda a los cuentistas clásicos mexicanos. La inocencia de Rufino, esa inocencia de niño que no termina de salir del cuerpo adolescente.
    El final me provocó un estupor, ¡¡pobre Rufino.!! , pequeño y ya teniendo conciencia de que la culpa cobra un precio alto.

  8. Para los que se divertirán de niños en algún lugar abandonado era una aventura pero sin medir consecuencias y cuando algún adulto se daba cuenta era sentirse culpable y con mucho miedo. Sin duda me iso recordar cuando fui niño.
    Pero que fue de Rufino?

  9. Conecta, es ameno, sencillo y lleno de símiles que me llegan. Creo que en algún momento, yo he estado en la piel de Rufino. Aunque no haya continuación de esta historia, me conformo con crear mi propio final, y saber que Rufino tendrá el alma en paz.

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