Panteones

Sin cuerpo presente

Ya tiene tiempo que no veo a ninguno de mis vecinos, no sé nada de mi amigo Juan que vivía en el apartamento número 20, ni de mi vecina Alicia.

Saúl Peña Rosas [i]

Habiendo terminado la última rebanada de pan que había sobre la mesa, me dispuse a lavar los pocos trastes que nos quedaban, se trataba únicamente de dos platos, una cuchara sopera, un jarrito de barro que nos turnamos para beber lo que fuera, y una ollita de peltre donde calentamos prácticamente todo, con la ayuda de una pequeña estufa de petróleo. El gas ha escaseado y la energía eléctrica solamente llega una hora los domingos por la noche, justo a las nueve, para que podamos ver el televisor y recibir las noticias. Noticias que el Estado tiene preparadas para toda la población. A las diez, la oscuridad regresa a toda la ciudad.

El cuarto donde convergen la sala, el comedor y la cocina, de escasos tres metros cuadrados, con desperfectos por todos lados, goteras por aquí y grietas por allá, hacen ver el apartamento un poco desolador, frío y lúgubre. Tuvimos la mala suerte de vivir en el piso más alto, eso nos hacía víctimas de las lluvias y tempestades por la falta de mantenimiento del lugar. Las personas que diseñaron estos condominios lo hicieron con toda intención de ahorrar espacio, nadie debería vivir en un lugar tan reducido, con habitaciones de dos metros cuadrados y baños que básicamente tienes que entrar de espaldas para poderte sentar en el escusado.

Mi padre tomó su mochila gastada, ya casi a punto de romperse y se la echó a los hombros, yo ayudé con la pala y el pico. Un día más de labores nos esperaban.

Fotografía: archivo Imagen99

Saliendo del apartamento caminamos por el pasillo, el cual tiene un piso de mosaico que alguna vez fue verde agua, ahora más bien parece de un color marrón. Las paredes llenas de telarañas y una especie de cochambre embarrado despiden un olor a azufre que se impregna en la ropa. A medida que pasamos por las puertas de los diferentes departamentos, se escucha como los pocos vecinos que quedan, bajan la voz o murmuraban casi de manera imperceptible.

Ya tiene tiempo que no veo a ninguno de ellos, no sé nada de mi amigo Juan que vivía en el apartamento número 20, ni de mi vecina Alicia que solía remendar mi ropa a muy bajo costo, y qué decir de don Juventino Robles, que hacía las mejores nieves de leche del rumbo a precios muy bajos.

Desde hace dos años que empezó todo esto ya prácticamente nadie sale, las calles lucen vacías, no hay gente haciendo su vida cotidiana, sólo grupos de personas aisladas realizando trabajos específicos. Los hospitales que un inicio estaban atiborrados, ahora se encuentran semi vacíos, ya casi no hay enfermos, predominan los muertos, la gente contagiada en cuestión de horas muere. 

El ejército, o lo que queda de la fuerza pública, patrulla las calles con trajes especiales, ordenando a toda persona a permanecer en sus casas. Los pocos que transitamos por la ciudad tenemos un permiso especial para salir, que constantemente es revisado por los soldados. Los afortunados de andar por las calles tenemos la misión de asistir a los que obligatoriamente se quedan en sus casas.

El gobierno instaló campamentos donde se reparte la poca comida que queda, algunas verduras y alimentos procesados a base de soya, la carne está escasa, sólo los ricos tienen acceso a ella, la gran mayoría de los animales murieron cuando fueron contaminados por los mismos humanos. Solo quedan algunas granjas fuertemente vigiladas que producen la comida de los pudientes.

Afortunadamente sigue cayendo agua los lunes, al parecer es el único día que abren las compuertas y fluye el agua en la red que llega a las casas, aunque no sabemos por cuánto tiempo vaya a durar esto. Muchas personas han aprendido a reciclar la lluvia y ahora todos ven como una bendición cuando llueve. Anteriormente la gente de la ciudad se quejaba cuando llovía.

Todos los que podemos salir a la calle, es porque de alguna manera no fuimos contaminados, la pandemia no nos alcanzó, aunque desconocemos la razón. Algunos dicen que es por nuestro tipo de sangre, otro que nos hicimos inmunes desde antes de que esto empezara, nadie sabe a ciencia cierta por qué no nos pasó absolutamente nada, pero constantemente somos estudiados, nos sacan sangre de manera obligada por lo menos una vez al mes.

Somos utilizados para realizar diferentes labores, algunos llevando la comida, otros trasladando gente viva o gente muerta. Cada quien tiene su forma de ganarse el pan y lo digo literalmente porque no nos pagan con dinero, sino con porciones de comida que tampoco podemos acumular, porque sin energía eléctrica los refrigeradores no funcionan y se echa a perder con facilidad, así que la tenemos que comer a diario.

El panorama en las calles se queda corto a cómo lo vi en las de películas de trama apocalíptica. Esto no se compara con nada que la ciencia ficción haya intentado mostrar de manera catastrófica.

Las calles están llenas de muertos que son recogidos por camiones del ejército y llevados a fosas comunes que ya están a punto del colapso. Las casas, edificios y construcciones están fuertemente aseguradas con tablas, cadenas y todo lo que la gente tuvo para convertir sus hogares en auténticas fortalezas.

Mi padre y yo fuimos contratados para trabajar como “enterradores en el lugar”, así somos nombrados las personas que ayudamos a enterrar a las personas justo a unos metros de dónde cayeron muertas. Puede ser en un camellón o en el patio trasero de sus casas o edificios, cualquier área verde es buena para enterrarlos, porque ya nadie los reclama. Se sabe que el virus se propaga más por los gases que desprenden ellos, así que ya ni a los mismos familiares se les permite acercarse a sus difuntos. Nosotros como parte de la gente inmune, podemos hacer esta chamba sin el riesgo de contagio y por el olor no nos preocupamos ya que después de haber trabajado tanto tiempo en el tiradero de basura como recolectores de desechos tóxicos, ya estamos acostumbrados a estos y más olores.

Tenemos la obligación de señalar el lugar que fue utilizado para enterrar a una persona con unos banderines especiales que el ejército nos dio, para evitar que otros enterradores quieran utilizar el mismo espacio. Sin embargo, cuando se trata de dos muertos o más en el mismo sitio, nos juntamos varios trabajadores de este rubro para cavar una fosa de grandes dimensiones y así enterrarlos por destajo. Se tomó esta medida porque como les comenté, ya no hay lugares para enterrar a los muertos y el traslado a otros lugares requiere de mucha inversión, el gobierno tomó la decisión de enterrarlos en el lugar más cercano a donde la gente muera.

Ahora ya nadie se despide de los suyos, los muertos entre más rápido se entierren mucho mejor. Dejaron de existir los funerales y con esto los rituales que se realizaban a su alrededor. Todas las formas simbólicas que las personas y las culturas utilizaban para amortiguar el dolor, se han prohibido. La idiosincrasia del culto a la muerte que cada pueblo rinde a sus seres queridos, y la naturaleza de la misma muerte se ha transformado. La gente se ha conformado con una plegaria o una oración a lo lejos, a la distancia, sin un cuerpo presente al cual llorarle.

Panteones
Fotografía: archivo de Imagen99

[i] Saúl Peña Rosas, es licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Es autor de diversos relatos y de la novela El día de tu muerte.

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14 comentarios en “Sin cuerpo presenteAñade los tuyos →

  1. Es un buen relato, pero se puede decir que tarde o temprano puede suceder eso en la realidad o puede que ya lo estemos viviendo pero no tanto así, digamos que al paso que vamos podemos estar así como en el relato que nos compartes.

  2. A tiempo estamos de que esto no suceda,
    Para muchos esto es una utopía para muchos es lo más grato y sublime,todos estamos confiados de que pronto terminará esta pesadilla de la pandemia donde la misma se ha encargado de destabilizar a la humanidad y l economía de la cual no como evitar sus estragós, pero sin embargo nos ha dejado mucho aprendizaje y de ahi partimos para que no sea como tu relato, espero eso este muy lejano sería muy lametable que esta humanidad acabará así, lo que si nos ha dejado un dolor inmenso por la partida de nuestros seres queridos como lo dice tu titulo muchas veces sin un cuerpo presente dejando estos muchos vacíos.
    Recordemos nada es para siempre… Pero de nosotros depende que dejamos para nuestras generaciones futuras.
    Gracias un gusto leerte

    1. Ojalá y no tenga voz de profeta, lo único que intento es llevar a la reflexión acerca de la fragilidad del ser humano.

      Gracias por leerme Lorena,

      Saludos cordiales✌😃

    1. Esperemos que nunca suceda, ojalá y esto pronto acabe y nos permita seguir con nuestras vidas de manera normal.

      Saludos cordiales

  3. Excelente relato, representas muy bien lo que puede suceder en un futuro, bueno eso si las cosas siguen así, y lo peor es que los más vulnerables son los de las clase medio y baja, espero no suceda nada de eso.

  4. Buen relato para reflexionar y apreciar lo que hoy por hoy si tenemos, revisemos y encontraremos lo que le de sentido a nuestras vidas independientemente de las adversidades.

  5. Te agradezco mucho tu comentario Elizabeth, esto como otras cosas no son apreciadas hasta que dejamos de tenerlas.

    Esperemos que sólo sé que en un relato de ficción, pero no está de más pensar en algo que sí tenemos, cómo son todos estos procesos de despedida independientemente del credo de cada persona.

    Saludos cordiales
    😃✌

  6. Una realidad no muy lejana desafortunadamente…. duele perder familiares y no podemos velar y enterrar como es debido aunque ya solo sea un cuerpo…. En fin a seguir disfrutando todo lo que Dios nos da a diario y a veces lo vemos muy normal . Muy buen relato Saúl besos

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