"mercado"

Taxi driver

Como buen operador de taxi, aprendí las reglas básicas para trabajar y una de las más importantes es que no puedes levantar pasaje fuera del municipio.

Saúl Peña Rosas [i]

Ahora que tuve la necesidad de utilizar el servicio de taxi por aplicación, me di cuenta que ya existen algunas medidas de seguridad que hacen que disminuya el riesgo de ser asaltado.

Ya puedes conocer desde antes de abordar la unidad, al conductor por su nombre y fotografía, saber qué carro tiene incluyendo el tipo, modelo, matrícula y el costo de viaje. Esto genera una atmósfera más confiable, aunque inevitablemente, en una  urbe como la Ciudad de México, donde la delincuencia siempre está a la vanguardia, no estamos exentos de padecer algún atraco en este tipo de servicio público;  ni los pasajeros, ni el conductor del mismo.

A diferencia de todas las ventajas tecnológicas que tenemos al alcance en la actualidad, hace algunos años abordar un taxi era arriesgarte a que el chófer fuera Jack el Destripador o por lo contrario los señores taxistas no sabían sí a su unidad abordaba la madre Teresa de Calcuta o la Monja de la película de terror. Es decir todo era un riesgo más constante.

Esto me hizo recordar aquella experiencia tan singular que tuve hace algunos años cuando serví como taxista.

Estando desempleado y con múltiples deudas, me enteré que en el Estado de México, para ser exacto en el municipio de Nezahualcóyotl, al cual le tengo mucho aprecio, habían asociaciones de taxistas que recibían a quien quisiera pertenecer a su gremio, únicamente con la condición de tener un Volkswagen sedán, no mayor a los diez años de antigüedad, pagar tu tarjeta de entrada y una cuota semanal. Aparte tenías que pintar el automóvil de blanco, ponerle una franja naranja en el toldo, instalar el copete, la bandera de taxi y un número económico que te asignaba la misma organización.

Me animé a ser parte de esa noble asociación y empecé mi experiencia como taxista. Al principio todo marchó en orden, la gente de Neza es muy cálida y sociable, en cuanto a los ingresos no eran lo que yo esperaba, sin embargo, sobrevivía a mis problemas económicos.

Como buen operador de taxi, aprendí las reglas básicas para trabajar y una de las más importantes es que no puedes levantar pasaje fuera del municipio. Puedes salir de éste, pero si el pasaje te lleva, por ejemplo, a un municipio aledaño o, a la Ciudad de México, no puedes levantar pasaje allí, porque te haces acreedor a una fuerte multa. Lo mismo aplica para los taxistas que entran a Neza de otros lugares, o por lo menos así se manejaba en aquellos tiempos.

Cierta ocasión me abordó una señora que me pidió que la llevara a la desaparecida clínica 25 del Seguro Social que se encontraba sobre la calzada Ignacio Zaragoza en la ciudad de México, así lo hice, de manera que el costo del viaje fue un poco más elevado porque me tenía que regresar vacío.

Una vez que la dejé, a unos metros me hizo la parada un señor de la tercera edad, al principio lo ignoré, pero el tránsito lento sobre la lateral hizo que mi vehículo no avanzara y el señor insistió hasta tocarme la ventanilla un tanto desesperado. Por atención la bajé y le dije que no podía darle el servicio por las razones que ya he mencionado, agregué que él debería tomar un taxi local que en aquellos años, eran de color verde con blanco.

Fotografía: archivo Imagen99

Con una voz firme y muy decente me pidió que lo escuchara un momento, rápidamente me explicó que se dirigía al mercado Ignacio Zaragoza que está ubicado en la colonia del mismo nombre, en la que era todavía delegación Venustiano Carranza, hoy alcaldía, pero que su destino final era la avenida Tepozanes esquina con Pantitlán dentro del municipio de Nezahualcóyotl. Así que me había elegido porque finalmente sabía que tendría que regresar a mi lugar de origen por ser taxista de esa localidad.

Aunque él tenía razón, el riesgo de subirlo era enorme, porque si me llegaba a detener alguna autoridad, la multa iba a ser tan elevada, que mejor sería dejar perder el carro en el depósito de vehículos.

Decidí en segundos, vi en sus ojos la necesidad de ser trasladado y me jugué el volado, eché una mirada por los espejos laterales, por el retrovisor y dije -súbase rápido por favor. Así empezó esa experiencia que me dejó una de las lecciones más grandes de mi vida.

Al principio no dejaba de agradecerme por haberlo levantado, entonces se presentó conmigo.

— Me llamo José Ibarra, joven que bueno que se animó a detenerse, sabe usted voy al mercado a comprarle un pastel a mi bisnieto porque hoy es su cumpleaños y en ese mercado los hacen bien sabrosos.

Yo solamente me dediqué a escucharlo, no tenía que presentarme porque mi tarjetón exhibía mi nombre y la asociación a la que pertenecía.

Iba observándolo por el espejo retrovisor, era un señor de aproximadamente 80 años con un semblante dulce y con cara agradable.

En todo el camino me fue contando que se veía en la necesidad de comprarle el pastel a su bisnieto porque el padre de éste era, según él, un irresponsable bueno para nada. Me platicó que su nieta había tomado una terrible decisión al casarse, y que el marido le resultó ser un holgazán indecente y drogadicto.

Argumentaba que le quería llevar el pastel con la decoración de Mickey Mouse porque era el personaje favorito de su bisnieto quien ese día cumplía tres años.

También me comentó que gran parte de su vida se había dedicado a ser taquero y que tenía un puesto en la Avenida Tepozanes esquina Chimalhuacán, que era adonde lo tendría que dejar al finalizar el viaje.

De la misma manera me compartió que ya había comprado una casita en Tepoztlán Morelos y que tenía intenciones de pasar sus últimos días allá, en la tranquilidad de un hogar cálido, el cual había hecho con el fruto de su esfuerzo de más de 50 años de trabajo.

Me agrado cuando me dijo que su esposa aún vivía y que básicamente eran muy felices.

Yo seguía observándolo, sus manos temblorosas y arrugadas que daban razón de una persona trabajadora y decente. Pensé que se merecía todo lo bueno ya que, según él, había dedicado su vida entera al cuidado de su familia.

Finalmente llegamos al mencionado mercado y me pidió que lo esperara afuera. Le dije que tendría que pagarme primero porque muchas veces la gente no regresa y te dejan allí esperando y sin un quinto.

Con su voz de viejito tierno, me dijo que no desconfiara, argumentó que tenía un billete de alta denominación y que no se tardaría nada, solamente debía dar las indicaciones para la decoración del pastel lo cual no llevaría más de 15 minutos. Hasta me señaló.

— Mire llegando al puesto se echa usted unos tacos y un refresco como propina, ¡No sea desconfiado hombre!

No me quedó más remedio que esperarlo, aunque a decir verdad esos tacos me entusiasmaron. Tardó cerca de diez minutos y salió con un coctel de frutas en las manos, recuerdo que tenía mucha crema pastelera encima.

— Tenga usted joven para que me espere con gusto porque se van a tardar un poco más con la decoración, de todas maneras el tiempo sigue corriendo y se lo voy a pagar.

En ese momento me dio la impresión de que era el viejecito más amable y atento que había conocido, hasta pensé por un momento que así me hubiese gustado tener a un abuelito, ya que nunca conocí a ninguno.

Al terminar el cóctel me empecé a inquietar otra vez debido a su tardanza, cuando por fin lo vi salir del mercado sin ningún pastel. Se subió al taxi y me dijo.

— Présteme 200 pesos joven porque ya no me alcanzó para el pastel.

En ese momento todas mis ilusiones de que así fuera mi abuelo se vinieron abajo. Inmediatamente le dije.

— No tengo jefe, es usted mi segundo pasaje y sólo tengo cinco pesos.

Obviamente mentí para no darle dinero. Él volvió a insistir no sin antes repetirme lo de la propina de tacos y lo de la ilusión de su bisnieto.

Para ese entonces ya le había perdido toda la confianza y el temor me empezó a invadir. Él continuó diciendo.

— Ándele joven por diosito que se lo pago todo allá.

Me juró por la virgen y todas las imágenes habidas y por haber que me pagaría, pero al notar mi negativa me dijo.

— Conste que yo te la quise hacer por la buena, pendejo.

En ese momento sacó una pistola de entre sus ropas, la puso en mis costillas mientras me bajaba todo lo que traía. Ya hasta sabía el escondite que estaba debajo del tapete, el cambio del cenicero y lo de mis bolsas del pantalón que me hacían saber que no era un improvisado.

Quiero decirles que me robó 350 pesos, una esclava de plata, mi cartera con un dólar, mi chamarra y hasta mi gorra vieja del Cruz Azul.

¡Por Dios! ¿Un señor de esa edad? Y yo que quería que fuera mi abuelito.

Sé de sobra que la situación no ha cambiado mucho que digamos, seguimos siendo víctimas de los amantes de lo ajeno, pero por lo menos ahora se puede conocer con antelación al operador de la unidad. También podemos compartir nuestro recorrido con alguien de confianza. Todo eso ya es ganancia ¿No creen?

i] Saúl Peña Rosas es Licenciado en Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, autor de varios relatos y de la novela El día de tu muerte.

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29 comentarios en “Taxi driverAñade los tuyos →

  1. Muy buen relato como siempre Lic. y gracias por compartir una cruda historia de uno de tantos días de muchos de nosotros, dónde hemos normalizado toda esta violencia y se nos hace cotidiano escucharlo pero nos da mucha rabia cuando nos sucede.

  2. Como puede ser posible que un hombre de edad avanzada pueda hacer eso no, tubo compasión del taxista que todavía se arriesgo a subirlo cuando no se podía como puede ver gente así.
    ya no se puede confiar tanto en nadie

    Me encantó este relato 👌♥️

    1. Gracias Patricia, el riesgo siempre ha sido para ambas partes, tanto como para el operador del taxi como para los pasajeros.
      Pero insisto en que la tecnología ha mejorado en mucho este servicio.

  3. El que haya aplicación para tomar un taxi no garantiza la seguridad del pasajero o viceversa, los amantes de lo ajeno se pintan solos para cometer cualquier tipo de violencia.

  4. Lo ligero de tu relato, me hace pensar que tienes muy buena memoria, no necesitas adornar con palabras rebuscadas y demasiada imaginación, muy bien me alegro mucho por tu éxito

  5. Cada cabeza es un mundo donde cada uno tiene sus pensamientos y necesidades, que los llevan a actuar de manera inadecuada y vulnerando a los que nos rodean en esta sociedad, lo que si es seguro es que tarde que temprano la sanción o beneficio a ese acto realizado, llegará

  6. Que miedo vivir ese tipo de experiencias!!! Y pensar que cada vez es mas común escucharlas!!
    Lo importante es que tu buena voluntad no se haya resfriado .

    1. Desafortunadamente uno se vuelve más desconfiado, las experiencias hacen que se despierte un sentido de antelación, sin embargo, para quien se dedica a manejar un taxi o para quien con frecuencia utiliza este servicio, no les queda más que arriesgarse a que no sea uno de esos días que…
      Gracias por tu comentario Eliza.

  7. Wouu canijo viejito que mal q tengamos q vivir así por un lado digo pues q necesidad tan grande tiene la gente para robar …necesidad de amor de valores de respeto de sobrevivir MMM… y por otro lado pienso que seguro alguien te dijo bueno lo material va y viene por lo menos no te paso nada …. en fin
    Hubiera sido más doloroso si la gorravhubiera sido del América….

  8. Excelente narrativa mi querido y fino amigo, como siempre, es un placer leer tu docta prosa, muchas gracias y cuídate mucho, dios te bendiga

  9. No entiendo cómo puede a ver gente así
    Tan mala, que en vez de que se pongan a trabajar y sacar su dinero honradamente lo hace de la peor manera robando a personas que se levantan temprano a hacer lo mejor posible para salir adelante y llega otro y les quita el poco dinero que tienen en un abrir y cerrar de ojos.
    Excelente anécdota felicidades👍

  10. Creo que son conductas que se heredan, desafortunadamente existen familias que desde el abuelo, hasta los nietos se dedican a eso y está dentro de su normalidad.
    Por eso hay que reforzar valores y exhortar a que las personas se preparen aunque lamentablemente eso, tampoco te garantiza nada.

    Saludos cordiales
    😐✌

  11. Que buen relato, aunque sigue siendo la triste realidad, exactamente con las nuevas plataformas, creo hay más seguridad para ambos, pasajero y conductor, ya que algún esterno inclusive te puede ir monitoreando o le puedes enviar a alguien, el perfil y foto del conductor, tu ruta, placas, color del carro, marca etc. Para mayor seguridad, puedes enviar cosas, documentos, dinero etc, lo que no puedes hacer en los taxis comunes, me parece interesante tu relato . Felicidades.

  12. Nombre que buen relato ! Yo también pensé en un abuelito a si ! De tierno y trabajador pero bueno que bien que no paso a mayores y que solo fue la mala experiencia.

  13. Gracias por el relato eso me lleva recordar mi asalto a si en un taxi yo con mi hijo en brazos,lo que me llevo a dejar mi lugar de origen la inseguridad y el miedo a que los míos salieran lastimados, hoy me doy cuenta que es el estilo de vida de muchos que les gusta delinquir y es en todos lados sin embargo he tenido la oportunidad de utilizar las nuevas plataformas de trasporte y aún así
    el hecho de subirte con alguien que ya también te conoce antes de que lo abordes no me convence pero bueno hay que vivir la vida sin miedos y disfrutar cada viaje te saludo a distancia .

  14. Que experiencia tan intensa, bueno desfortunadamente una prueba más que ya no se puede confiar en nadie, aunque yo todavía tengo fe en la humanidad, en alguna ocasión uno de mis hermanos chocó con un tortón, el Tsuru donde viajaba mi hermano se destartalo y la persona que lo chocó le dijo que en una semana el regresaría a pagarle, lo cual sucedió tal como lo prometió.

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