"1DMx represión en San Lazaro"

Uriel, un luchador social

1° de diciembre del 2012. Ese día se conoce como el 1DMx, cuando el Estado reprimió y agredió a miles de manifestantes que rechazaban la llegada de Enrique Peña Nieto.

Ana Ivonne Cedillo [i]

Uriel camina por los pasillos de su universidad y mientras sonríe agradece los halagos de los viejos amigos que lo saludan y le dicen que se mira bien. Mientras camina, busca un lugar adecuado para relatar lo que vivió aquel 1° de diciembre del 2012.

Ese día se conoce como el 1DMx, cuando el Estado reprimió y agredió a miles de manifestantes que rechazaban la llegada de Enrique Peña Nieto. Fue cuando la Policía Federal disparó balas de goma en su contra, y una de ellas lo golpeó fuertemente en la cara, provocando la pérdida de su ojo derecho.

Fotografía: Eneas, 1DMx bala de goma en represión San Lazaro, con licencia Creative Commons

Uriel Sandoval era un joven estudiante, hoy es licenciado en Historia y Sociedad Contemporánea, por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

Oriundo de Matehuala, San Luis Potosí, llegó a la Ciudad de México en el 2011, con el único propósito de continuar sus estudios. Las ideas de izquierda y del zapatismo contagiadas por amigos y compañeros, que no solo le hicieron comprender la realidad y problemáticas que experimentaba en su vida diaria, sino también lo convencieron para emigrar y buscar el conocimiento.

Con voz tenue y palabras precisas, esas que delatan su sabiduría, Uriel cuenta sobre el primer acercamiento que tuvo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde estudió algunos meses como oyente en la carrera de Filosofía y Letras y después se incorporó a la UACM. Las organizaciones estudiantiles a las que se integró, en ambas instituciones, reafirmaron su compromiso de luchar contra las injusticias del país y el rechazo a la llegada de un régimen de la derecha neoliberal. Por ello, asistió a las manifestaciones que se suscitaron antes y durante la llegada del expresidente Enrique Peña Nieto.

Cuando Uriel recuerda el 1° de diciembre, lo describe como el día en el que el Estado mostró lo que era capaz de hacer para contener a la lucha disidente; y agrega: “fue uno de los grandes episodios de la historia de nuestro país, donde el Estado vio la necesidad de aplastar, es decir, si no aplastaba la situación se le podía convertir en otro tipo de problema y era lo que podía pasar en ese momento”.

Aquella mañana de sábado, día en el que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) retomó la Presidencia de la República, Uriel Sandoval acudió a las inmediaciones del Palacio Legislativo para manifestar su descontento. Había decidido asistir, tal como lo había estado haciendo en decenas de manifestaciones anteriores. “Íbamos a una manifestación como habían sido las múltiples que se tuvieron desde el periodo de mayo, hasta finales de noviembre. Desde el movimiento #YoSoy132, con los compañeros de la Federación Estudiantil de Campesinos Socialistas de México y los maestros de la CNTE, relata.

Aquel día no acudió a manifestarse solo, iba acompañado de un amigo y de otros jóvenes de los grupos estudiantiles a los que pertenecía. Jamás imaginaron el escenario de represión que se encontrarían: “No teníamos ni la más remota idea de lo que estaba sucediendo. Sí leíamos las notas de todo lo que estaba pasando, pero de ahí a que dijéramos hay todo un operativo policiaco-militar justo para confrontar a los manifestantes, eso no lo sabíamos. No estábamos preparados para ello, de haberlo estado no hubiera pasado nada de lo que a mí me pasó”, aclara. 

"1DMx represión en San Lazaro"
Fotografía de Eneas con licencia Creativa Commons

Él y sus compañeros, llegaron al metro Moctezuma y comenzaron la caminata. Al llegar a la mitad del camino, escucharon los primeros estruendos. “Se escuchaba como que algo explotaba en algún lado, luego que algo explotaba del lado opuesto, yo escuchaba y decía: pero ¿qué está pasando, son balazos o qué está pasando?”, narra el que en esos momentos era un estudiante. 

Es en este momento, cuando Uriel se dio cuenta del amplio operativo policiaco que comenzaba a ejecutarse: “Comienzo a ver a personas vestidas de civil, pero que estaban en comunicación con el Estado Mayor Presidencial y con la Policía Federal dentro del Palacio Legislativo, porque íbamos caminando sobre Moctezuma y teníamos que pasar toda la valla, en eso veo también entrar una de las camionetas de la Policía Federal con un montón de cajas y cajas. Pero es hasta ahora que uno se viene a enterar de que prácticamente era la forma en que ellos volvían a abastecerse de latas de gas lacrimógeno y de balas de goma”, explica Uriel.

A pesar de haber participado en diferentes manifestaciones, Uriel comenta que jamás habían sido agredidos de esa manera y que nunca había sentido la sensación de oler el gas lacrimógeno. Sin embargo, ese día lo experimentó pues recuerda que las bombas de gas eran como una especie de recepción para los contingentes que se iban acercando a las inmediaciones del recinto.

Cuando comenzó a sentir los primeros efectos del gas lacrimógeno, cambió todo en sus pensamientos, solo se preguntaba qué era lo que estaba pasando. Recuerda ver el humo blanco de los gases y el olor picante, parecido a cuando asan chiles, que penetraba en su nariz hasta ahogarlo. Solo le quedó correr y correr para poder estar a salvo. Al revivir esto, Uriel alza el tono de su voz y sorprendido describe: “escuchaba gritos y personas ahogándose ¡Porque había familias, había personas de la tercera edad, niños en la manifestación y a la policía no le importó eso, aventó las latas de gas lacrimógeno sin mirar a quien le tocara!”.

A pesar del fuerte ardor de sus ojos y su cara, él no dejó de avanzar para buscar resguardarse. Es justo cuando policías comienzan a disparar y una bala de goma pega fuertemente en su cara. “Es ahí cuando pierdo el conocimiento”, dice Uriel. 

La sensación de la sangre caliente cayendo sobre su rostro lo llevó a tocarse, al mirar sus manos llenas de sangre se dio cuenta que también perdía visibilidad, esto para él fue un “momento de shock”. Cuando intenta caminar, choca contra una valla y cae.

Ya sobre el piso y sin hablar, alcanzaba a mirar gente a su alrededor quienes comenzaban a informarle la gravedad en la que se encontraba. Él escuchaba: “Mira su ojo”, “¿qué le pasó a su ojo?”, “ya lo mataron”; otros solo lloraban.

El anuncio de un vehículo con bocinas que decía “cayó herido un estudiante de la UACM”. Eso ayudó para que una ambulancia se acercara. En estado de shock, fue trasladado a la Cruz Roja de Polanco, lugar donde solo alcanzó a escuchar: “ahí déjenlo y al rato lo revisamos, aquí no le podemos ayudar”.

Esa misma noche, Uriel fue trasladado al Hospital General. Le realizaron dos cirugías, la primera para ver la gravedad del daño, la segunda para la extracción ocular.

El acoso policial

Uriel permaneció hospitalizado seis días, rodeado no solo de familiares y amigos, sino también rodeado por elementos de la Policía Federal. Los policías eran los encargados de autorizar la entrada y salida de las personas del lugar donde él se encontraba. Era como si el estudiante fuera un preso y los policías estuvieran encargados de vigilarlo.

Durante la madrugada del 2 de diciembre, también acudieron al hospital elementos del Ministerio Público, acompañados de policías federales vestidos con batas blancas, con el argumento de revisar el estado de salud de Uriel. Él recuerda cómo le cuestionaban qué estaba haciendo en el lugar y con qué grupo político había asistido. Definitivamente, dice él, más que una revisión de salud, se trató de un cuestionamiento político.

Sin una orden de aprehensión en su contra, Uriel se sentía siempre amenazado y con la sensación de que en cualquier momento se lo llevarían detenido. Recuerda que hubo la intención de que la policía ingresara una ambulancia para poder sacarlo, pero fue gracias a sus amigos y compañeros de la universidad que no lo lograron: Ellos “Bloquearon prácticamente todas las entradas y salidas en el hospital. Y eso fue gracias a la solidaridad, de mis compañeros del Consejo Estudiantil de Lucha y del grupo de profesores que estaban organizados en el foro académico; también de la Federación de Estudiantes y Campesinos Socialistas de México, que participaron en las guardias de seguridad en el Hospital General. Lo mismo la Juventud Comunista Revolucionaria, distintos colectivos y organizaciones que estaban ahí, día a día haciendo guardias para que nada sucediera”, relata Uriel.

Uriel salió del hospital el 6 de diciembre. Compañeros y académicos de la universidad, vecinos e integrantes de diversas organizaciones civiles lo recibieron. Hoy, a ocho años, recuerda aquel día con felicidad y agradece el apoyo de quienes lo resguardaron.

En busca de la verdad y la justicia

Por los hechos y resultados de los operativos implementados el 1° de diciembre de 2012, llamados Transmisión del Poder Ejecutivo Federal y Palacio Nacional, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) emitió la recomendación 207/2013 en la que señaló los abusos de la policía hacia los manifestantes.

De acuerdo a los datos expuestos en el documento, al operativo acudieron 5172 elementos policiales, de los cuales 2400 se encargaron de impedir, a toda costa, que los manifestantes se acercaran al Palacio Legislativo durante el acto protocolario de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto. Haber obstaculizado el paso de las personas que protestaban, provocó fuertes enfrentamientos que dejaron ver el uso excesivo de la fuerza policial, quienes lanzaron balas de goma y bombas de gas lacrimógeno hacia los inconformes.

Sin embargo, las declaraciones del entonces Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y del quien fuera encargado del Despacho de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, Manuel Mondragón y Kalb, negaron que en la dispersión de los manifestantes que acudieron al Palacio Legislativo se hayan usado balas de goma, ya que argumentaron que su uso no estaba autorizado.

Sin dejarse intimidar por las declaraciones de los funcionarios representantes del gobierno de Peña Nieto, Uriel Sandoval interpuso una denuncia penal en contra de los elementos federales por intento de homicidio y abuso de autoridad. Otra más por daño patrimonial en responsabilidad del Estado. Ninguna fue favorable para él, y comenta: “agotamos todas las instancias de orden legal. Es decir, fuimos por la instancia penal, por la instancia administrativa y por la instancia civil. Ninguna de las tres permitió enjuiciar a los responsables de los actos que se suscitaron ese día”. 

Para continuar con un proceso legal que permita demostrar la responsabilidad de la Policía Federal por el daño causado a Uriel, tendría que recurrir a los tribunales internacionales; sin embargo, la faltan de recursos económicos o el apoyo de un grupo de abogados, hace imposible que el caso continúe y se pueda lograr justicia.

La vida continua

La recuperación física de Uriel después de la pérdida de su ojo no fue fácil. Haber perdido la visibilidad total de su lado derecho lo confundía en el espacio al caminar, provocando incluso que chocara con las demás personas. Aún recuerda sus experiencias cuando la gente se molestaba con él por tropezar con ellos o tan solo rozarlos con su brazo. “Un día en el metro, iba un señor, yo no lo vi, porque del lado derecho no veo nada, entonces el señor iba de mi lado derecho y pues supongo que mi mano rozó una parte de su cuerpo, el señor reacciona de manera muy agresiva y me dice: ‘¿que, no ves?’ ¡pues más bien! ¿qué usted no ve que yo no veo?”, platica Uriel con voz intensa, como si reviviera aquel sentimiento de coraje.

Fotografía: Ana Ivonne Cedillo.

Uriel jamás tuvo un proceso de rehabilitación de aprender a caminar sin chocar con los demás y saber voltear sin incomodar a las personas para que no pensaran que las observaba; así que lo fue aprendiendo poco a poco sobre la vida diaria.

Practicar algunos deportes como las artes marciales lo ayudaron a agudizar el sentido del oído y lo hicieron más hábil en sus reflejos. También practicó la bicicleta y el futbol. “Ahorita ya no tengo equipo, pero jugaba y de repente pues sí me burlaban por la derecha, claro está”, bromea y sonríe Uriel.

Desde el primer día que salió del Hospital, siempre lo han acompañado sus gafas negras. La cavidad que dejó la extracción del glóbulo ocular lo incomodaban: “cuando no traía prótesis la gente me veía muy raro, me veía a la cara y era extraño pues decían ‘mira no tiene su ojo’. A partir de ahí comencé a utilizar gafas oscuras en cualquier lugar que yo estuviera”, platica él.

Uriel recuerda que desde que conoció a Del Mar, su novia, ha comenzado a dejar las gafas. La seguridad de no portarlas aumentó. Pero, sobre todo por recomendación de su oftalmóloga se ha visto en la necesidad de dejarlas pues haberlas usado en exceso provocó una variedad en su visión: “De repente no veía ciertos colores. Se me hacía algo más oscuro o comenzaba a perder nitidez”, explica Uriel mientras con sus manos juguetea con las gafas.

A pesar de las limitaciones físicas que enfrentó y el linchamiento por parte de algunos medios masivos de comunicación, quienes lo etiquetaron como un vándalo, los objetivos de lucha en Uriel no han cambiado, pero sí su activismo.

Asegura que el activismo no debe limitarse solo a salir a las calles, asistir a las asambleas o realizar huelgas de hambre: “Es importante que puedas entender tu realidad, si no entiendes la realidad en la que están interactuando es imposible que puedas desempeñar un papel idóneo como activista y entonces lo fundamental es la formación, revisar la historia de nuestro país, si no revisamos eso pues vamos a vivir repitiendo lo que hasta entonces hemos estado haciendo”.

Por ello, a ocho años de la represión del 1° de diciembre de 2012, para Uriel es trascendental poder contribuir con una formación ideológica y política para las nuevas generaciones combativas. Uriel intenta generar herramientas para que la gente comprenda la realidad y construyan una estrategia colectiva de lucha social.

[i] Ana Ivonne Cedillo es periodista independiente. Colaboró en la primera etapa de la investigación para el proyecto El país de las 2000 fosas que obtuvo el primer lugar del Premio Breach /Valdez de Periodismo y Derechos Humanos 2019 y el Premio Gabo 2019 en la categoría Cobertura. Estudió Comunicación y Cultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Fue becada por el Programa Prensa y Democracia (PRENDE) en la Universidad Iberoamérica.

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1 comentario en “Uriel, un luchador socialAñade los tuyos →

  1. Quiero felicitar gratamente a la srita. Ana Ivonne Cedillo a quien conozco como una persona que lucha por los derechos humanos de la sociedad y manifiesta la verdad en cada una de sus comentarios. quiero enviarle un cordial saludo y felicitarla por este relato verdadero.

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